Reyes de las calles por un día
Probablemente sea yo el “contreras” en la Redacción del periódico. Qué voy hacer, así me hizo mi madre, la naturaleza, diosito o la Pachamama, sabe Dios quién. Yo adoro el “Día del Peatón”. Lo digo en reunión, y mi comentario cae como una bomba: los colegas periodistas me miran con una cara de “qué le pasa a éste”. Claro, porque mientras los demás comenzaban a enumerar las pulgas de la jornada, entre las que se menciona que estas fechas no son tan ecológicas como se las pinta, que en esos días sin carros a motor y dedicados a la sensibilización del cuidado medioambiental hay más basura, que la contaminación acústica supera los límites, que es una fecha se volvió totalmente comercial… o que no se puede ir ni a la tienda, porque no hay vehículos… yo vivo el día de otra manera.
Soy de los padres que agarra la bicicleta, salgo con toda mi familia por la avenida Banco Galindo, que sólo en estas fechas luce vacía de vehículos; hago una carrera ciclística con mi hijo mayor, y nos convertimos en “dueños y señores” de todas las vías.
Volvemos a casa y es el turno de mi pequeña. “Vamos, hija, yo sé que puedes aprender”, la aliento. Y sí, lo hace. Logró manejar su bici sin ayuda de rueditas auxiliares en el último Día del Peatón.
Desde entonces mi hija me adora como si le hubiera hecho un regalo del cielo. Bien, ahora vamos todos hasta Quillacollo. ¿Cansados? Un refresco, un helado, un fricasé. ¿Transpirando? Un chorro de agua. Mira, los bomberos están enseñando rapel. ¿Participamos? Dale. Una feria de plantitas. Mi esposa se lleva una. No sabemos cómo llevarla. No importa. Nos las arreglamos. Otra vez a la carretera. A correr. Somos felices. Y de repente, pasó el día. Los autos comienzan a salir. Dragones en nuestro reino. Los miramos con un desprecio único. Nos vamos arrimando a la acera. Acabó nuestro reinado. Ahora me vuelvo tan antipático como los que odian el Día del Peatón.
Editor del suplemento
Observador Económico de los Tiempos
Columnas de LUIS FERNANDO AVENDAÑO





















