Nuevo pacto
“Urge un nuevo pacto”, piden vehementemente directores de importantes instituciones de desarrollo y fomento. Hace poco, CAF Banco de Desarrollo de América Latina cumplió medio siglo de vida. Hizo su festejo con un fantástico diálogo virtual con Joseph Stiglitz, Alicia Bárcena, directora de la Comisión Económica para América Latina (Cepal), Enrique Iglesias, expresidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y Ángel Gurría secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE)
Los tres últimos concuerdan en que no se sabe qué pasará después de la Covid-19, porque Latinoamérica ya afrontaba una crisis estructural. Les preocupa que la región salga más pobre y más enojada con 215 millones de pobres, 2,6 millones de empresas formales que cerrarán y una década perdida, porque ya vivíamos desaceleración, precios bajos, concentración del ingreso, problemas de competitividad y ahora esta pandemia.
Gurría urge a que se domine a la Covid-19 en la primera ola, porque la segunda será peor.
Iglesias pide administrar la crisis y dar más capital sin sacrificar la estructura financiera de las instituciones. Observa que hay un repliegue de la cooperación multilateral por lo que corresponde aprovechar las capacidades de unión de la región, hacer que la digitalización sea el instrumento para soportar la crisis, y mirar al patrimonio natural de Latinoamérica como el elemento clave para jugar un rol preponderante en el mundo.
Bárcena solicita otorgar recursos para hacer contraciclos, dar subvención a las microempresas, hacer reformas fiscales, controlar la evasión fiscal y hacer más formal al sistema, desarrollar un sistema de bienestar, evitar la desigualdad hacia las mujeres e impulsar la sostenibilidad con nuevas formas de producción.
Parecen palabras lanzadas al viento, pero tienen la razón. Entonces los bancos de desarrollo deben convertirse en consejeros para hacer instituciones más sólidas. Se debe cuidar a la vaca y no agotar la leche que se pueda dar a los gobiernos, así que no deben dar recursos, sino dar garantías.
Recordemos que no hay países que sean genéticamente más o menos honrados que otros, sino que los enojados ponen en peligro a la democracia, dado que no reflexionan sobre el resultado de sus acciones.
Por eso, no sólo lloremos las grandes pérdidas, sino que es imperioso transformar carencias y déficits en oportunidades, teniendo en mente que la respuesta más importante es proteger al planeta.
Preparémonos para los desafíos y elaboraremos un nuevo pacto entre Estado, mercado y sociedad, que sea justo, equitativo y administrando las leyes en igualdad de condiciones sin favorecer a unos y entorpeciendo a otros.
La autora es Premio Nacional de Periodismo Especializado en Banca
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