Diálogo y representación
La única certeza que tenemos en medio de la crisis nacional general en Bolivia es que el diálogo debe delinear/representar alternativas de acuerdo. En estos momentos, todo diálogo es político, pero no toda la política es diálogo. La política es también conflicto que necesita procesarse para abrirla como espacio de encuentro posible.
Todo ello, en un contexto en el que el sistema de mediación en democracia –vaciado de contenido desde noviembre del pasado año– no permite trabajar consistentemente las demandas sanitarias, económicas, sociales, culturales e institucionales de modo articulado e incluso –en el peor de los escenarios– de manera fragmentada. Si pretendemos encontrar alternativas para enfrentar la crisis debemos buscar los resquicios del sistema de representación que habiliten al diálogo como el lugar de la re/apertura de la política –lugar de encuentro– o, por lo menos, determinar los intersticios de aquellas formas de representación que podrían canalizar el diálogo.
El Tribunal Supremo Electoral es una instancia clave para el sistema de representación. En primer lugar, por su papel en la administración del proceso electoral acompañado, en segundo lugar, por su rol en el fortalecimiento democrático –a través del Servicio Intercultural de Fortalecimiento Democrático (Sifde)– y la acción territorializada de los tribunales departamentales. Sin duda, lo problemático es que no basta su accionar, en una coyuntura de administración compleja de las condiciones institucionales de la conformación de cuerpos representativos por decisión del voto ciudadano.
La otra instancia institucional clave es la Asamblea Legislativa Plurinacional. Urge reponer su lugar en la determinación por ley de procesos electorales “especiales”, recuperando el espíritu constituyente de la coordinación y cooperación entre órganos del Estado.
En otras condiciones, bastaría un acuerdo entre los órganos Electoral y Legislativo para renovar los cuerpos representativos en el sistema de representación. En el momento actual es una condición institucional fundamental, pero no es suficiente para definir los derroteros de la democracia.
Respecto de las formas de representación, también está claro que el partido político no funciona por sí solo para mediar en el conflicto que, además, se ha reducido a precaria maquinaria electoral. Todas las expresiones de esas maquinarias están prisioneras de sus cálculos electorales y difícilmente podrán contribuir con propuestas ante el conflicto multidimensional, si es que no se articulan con otras formas de representación que emergen desde las imágenes latentes de lo plurinacional-popular producidas en la memoria reciente, desde el proceso constituyente boliviano a principios de siglo.
La forma “movimiento social” ha cobrado nuevo impulso y, desde prácticas de democracia participativa (cabildos y asambleas), puso en cuestión la resolución del Tribunal Supremo Electoral que, en medio de protestas ciudadanas, logró empujar un acuerdo preliminar entre los órganos Electoral y Legislativo para definir, por ley, la nueva fecha de elecciones, abrir la posibilidad de asegurar que se realicen este año y bajo la atenta mirada de “garantes” internacionales, en apego a la Constitución Política del Estado. Sin embargo, no basta.
La forma “sindicato” se volvió a activar dando soporte organizativo –desde las prácticas de la democracia directa– a la protesta ciudadana que, además, exige el cese de la represión selectiva y la libertad de expresión como sustento básico de la democracia en materia de derechos humanos. Pero, no basta.
La forma “comunidad” también volvió a entrar en el centro de la arena del conflicto, especialmente en áreas rurales y con base en mecanismos de democracia comunitaria, disputando el control territorial como soporte estratégico de la protesta ciudadana, incorporando tradicionales demandas colectivas que vinculan las luchas democráticas con otras dimensiones comunitarias en salud, economía y autonomía organizativa (por ejemplo, medicina tradicional, trueque y autonomía decisional). Y, de todas maneras, no basta.
La forma “instrumento político” ha tomado un giro insospechado. Las identidades colectivas removieron las posiciones de sujeto del campo plurinacional-popular, recuperando la lógica de la construcción de mandatos que imprimen un nuevo sello al carácter de las elecciones, con una lectura más abarcadora de la idea de recuperación de la democracia. Sin embargo, no basta.
Todas estas posiciones de sujeto institucionales (Tribunal Supremo Electoral y Asamblea Legislativa Plurinacional) y posiciones de sujeto político (formas: partido político, movimiento social, sindicato, comunidad, instrumento) son las piezas clave del rompecabezas representativo para viabilizar un diálogo que permita recuperar la democracia –transformándola– para vincular adecuadamente con el bien común, las problemáticas surgidas en la crisis sanitaria, económica, social, cultural y política. La ciudadanía lo demanda y la democracia lo exige para ser tal. Lo contrario es el autoritarismo y el prorroguismo innecesarios.
El autor es ciudadano del Estado Plurinacional y sociólogo
Columnas de ADOLFO MENDOZA LEIGUE




















