Broma electoral: toma II
Con las elecciones generales a la vuelta de la esquina, el martes, a las 5 de la tarde, más o menos, los dos vocales de la Sala Constitucional Segunda del Tribunal Departamental La Paz, seguía debatiendo (seguramente, imbuida en una álgida atmosfera de drama, tragedia y comedia, todo junto y bien revuelto, aunque tan sólo pensar en la posibilidad de aquella extraña combinación, luzca de inmediato como un total sin sentido frente al crítico de arte o dramaturgo con dos dedos de frente, en nuestro terruño, bien que lo tiene), la habilitación del “jefazo” (Evo Morales) como candidato del MAS a senador por Cochabamba.
Después de varias horas de audiencia, la decisión quedó empantanada por un empate: uno de los magistrados está a favor de la inhabilitación, el otro, no. Hoy, un “vocal dirimidor” tendrá que resolver la situación.
Y así, como el clásico sociólogo alemán, Max Weber, escribió en su monumental tratado Economía y Sociedad: “no hace falta ser César, para sentir como César”, aquí, les digo yo: no hace falta ser un jurista constitucionalista, probo y debidamente acreditado, para saber que, si se habilita a Evo para que sea candidato a senador, no podría ser menos que una infame violación a las instituciones democráticas de consecuencias nefastas sin presentes para éstas.
En efecto, el artículo 150 de nuestra Carta Magna dice que toda persona que aspire a un curul en la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP), tendrá que “haber residido de forma permanente al menos los dos años inmediatamente anteriores a la elección en la circunscripción correspondiente”.
Diríase, como más de uno lo debe estar haciendo en su mente ahora mismo, que no fue Evo Morales quien acometió la primera violación a las instituciones estatales de los territorios que conforman la actual Bolivia; sino que fueron las “hordas” ibéricas, o los denominados “adelantados”, quienes lo hicieron a través del asesinato del inca Atahualpa y de muchísimos otros señores o líderes indígenas precolombinos y que, por tanto, nada le hace al tigre una raya más en su cuero…
¡Pero no debemos aceptarlo esta vez! Y no sólo porque antes del arribo de los iberos, u adelantados, ya hubo muchas guerras crueles de conquista y abuso en estos territorios, sino porque algún rato hay que pararla ¿no les parece?
Ya el tal vez injustamente mal recordado general Mariano Melgarejo, cierta vez le dijo al cuerpo diplomático extranjero reunido en el Palacio de Gobierno: “mandaré en Bolivia hasta que me dé la gana y al primer que me la quiera jugar, lo hago patalear en media plaza” –añadiendo luego-: “sepan todos que a la Constitución de 1861, que era muy buena, me la he guardado en el bolsillo izquierdo, y a la de 1868, que es mucho mejor según estos doctores, en el derecho, y que nadie gobierno en Bolivia más que yo”.
Dejad a un lado las fechas de las constituciones, su mayor dosis “progre” o reaccionaria, el nombre propio de los personajes envueltos en esta historia, o cuál es el vivo y cuál es el muerto, y sin duda, comprobareis llenos de pavor los extrañados paralelismos y coincidencias entre nuestro pasado y presente ¡Tan parecidos! cómo si hubiese una mano invisible manipulando los hilos de nuestro destino a discreción, pero no la hay, tan sólo se trata de nuestra estupidez.
El autor es economista, llamadecristal@hotmail.com
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