Falsa ocurrencia diputadil
Parece cuento chino. Ante un virus surgido en Wuhan, China, el mundo está transtornado. Países cerrados, economías destruidas, sueños quebrados, muertes innecesarias… Tristeza y soledad… Enfrentamos algo peor que una plaga bíblica: la desconfianza de todo y de todos. Panorama real pero atroz. No, definitivamente no es cuento esta pesadilla de la que todavía no despertamos.
Bolivia, con una población de 11.640.000, es uno de los países más afectados en términos del número de enfermos per cápita: 117.928 casos al 3 de septiembre (Universidad Johns Hopkins). Un Gobierno transitorio, y debilitado por decisión propia, hace poco para enfrentar la pandemia. El éxito del fracaso de su candidata altera su visión donde la realidad “verde” se (con)funde con la “azul”. Áñez-Murillo, cada vez más parecidos a Morales-Linera, enfrentan la maldición de la corrupción, “caiga quién caiga”, además del bloqueo político del MAS y Carlos Mesa “mirando desde el palco”.
La alusión al principal candidato opositor es un vulgar ataque electoral: ¿quién gobierna, señora presidenta? La ciudadanía sensata debería ignorar frases egoístas que pretenden arañar votos. Lo importante es reflexionar sobre las recientes (y futuras) movilizaciones del MAS. Sus protestas, por legítimas que fueran, desembocaron en acciones delincuenciales. Destruyeron carreteras haciendo explotar cerros para impedir el ingreso de combustible, alimentos e insumos médicos a las ciudades, ¿cuántos murieron por falta de oxígeno? Cerraron el botadero de K’ara K’ara en Cochabamba, tomaron rehenes, apedrearon ambulancias, golpearon y amenazaron a médicos, enfermeras y fuerzas del orden. Nadie entiende esa lógica perversa. Tal vez se trata de la fascinación del suicida por borrar la realidad. Otros recurren al alcohol, a quemar libros… al ajedrez.
En países que enfrentan seriamente la pandemia, los trabajadores de salud son admirables y admirados. La gente les aplaude, les ofrece flores, poemas y conciertos: gratitud. En Bolivia no. Los héroes diarios que trabajan arriesgando su salud, con escasa protección y equipos insuficientes, son insultados, golpeados y amenazados con ser “quemados vivos”. El Parlamento, con una mayoría de masistas y ningún científico, ha autorizado el dióxido de cloro, un peligroso químico utilizado en la limpieza de superficies, como remedio para el virus. Mejor curarse con vahos de eucalipto, limón, o salmodias al Santo Cachón. ¿Desviaciones o resultados del “proceso de cambio”?
Lo que también me perturba en este panorama pobre y empobrecedor, es la declaración falsa, según ChequeaBolivia, de Franklin Flores, diputado del MAS: “Con el coronavirus está muriendo gente que nunca antes habia fallecido” (sic). Y yo, ingenuo que creía que los inmor(t)ales –vulgares chupasangres– sólo tenían cabida en el mundo del espectáculo. Por lo visto abundaban –¿o acaso eran zombis?– en el “proceso de cambio” ¡y no los visualizábamos! La información, por otra parte, necesariamente tenía que ser atribuida: el MAS no cree en “inventos de la derecha”.
La falsa alarma del diputado Flores tiene su lado positivo. Sus seguidores necesitan aplicar precauciones mínimas para combatir un virus que no respeta ideologías. Mantener la distancia social, lavarse las manos con frecuencia y llevar barbijo (no importa que Carlos Mesa lo repita en sus históricos videos). Sería, asimismo, responsable e inteligente que el diputado Flores defienda –con similar contundencia para identificar la peligrosidad del coronavirus– el presupuesto del 10% para la salud, bloqueado por los parlamentarios del MAS. Caso contrario la plaga va a triunfar. Ni el sol ni la luna se van a escapar, pero morirá gente que no debe fallecer, en especial en las áreas rurales, bastiones de su partido. ¿Cálculo político? Vale.
El autor es economista y filósofo
Columnas de GUSTAVO V. GARCÍA


















