¡Oh, Cochabamba querida!
El sólo hecho de recordar que esta tierra ha producido hombres y mujeres de cimero talento, nos induce a la humildad. Pero es un compromiso de gratitud manifestar nuestro cariño, en un día tan especial como es el 14 de septiembre.
¿Cuál es el perfil más próximo que podemos diseñar sin menoscabo de sus glorias? Tierra de generosidad y de rebeldía; pero también de flaquezas. Afirmar que nunca tuvo esos extravíos, como cualquier pueblo que vive intensamente, sería apartarse de la realidad. Y lo que menos cabe en este homenaje es precisamente eso. La virtud está en que las derrotas se convierten en lecciones; lecciones que, aprendidas, enseñan a triunfar.
Este saludo afectuoso me sale del alma; me estrecho idealmente en el regazo de su ternura maternal. Y como todo forastero respetuoso de la tierra que lo acoge, me sumo al esfuerzo de trabajar por su prosperidad, sin tasa ni medida. Y ya es mía también, a fuerza de quererla con lealtad.
En casi mitad de camino que recorre desde los Andes hacia los llanos orientales está Cochabamba. Un paisaje espléndido que se abre a los ojos del viajero. Tiene la reputación de ser el crisol de la bolivianidad. Y en los eventuales momentos de peligro, efectivo o potencial, sus heroínas y su guerrilleros, igual que ayer, son los primeros en acudir al camino.
Es cierto que la música refleja el alma profunda de un pueblo. Yo no tengo ninguna duda. En Cochabamba, la belleza humana y natural se combina para modular los arpegios más sentidos. Aquí se ve esa pasión profunda que se expresa en el brío y el donaire de una mujer que baila una cueca, que se muestra tan distinta por su peculiaridad regional.
Si tienes hambre o sed, en Cochabamba se calman con generosidad esas ansiedades; vienen al pelo como si fuera un regalo de los dioses. La exquisita y variada gastronomía disputará sin tregua tus preferencias. No hay que ser modesto en ello, exige. Una mujer cochala siempre tiene más cosas que ofrecer. Y algo que no se paga nunca, porque no se cotiza en dinero, es la seductora sonrisa que se esboza en los labios.
En fin, “¡Oh, Cochabamba querida, ciudad de mágico encanto”. En el día de tu aniversario te saludo con los brazos extendidos hacia ti, y puesto de hinojos sobre la grama esmeralda de tu suelo.
El autor es columnista independiente
Columnas de DEMETRIO REYNOLDS

















