El equipaje del año 21
El viajero del tiempo ha cargado cosas buenas y malas en su alforja, más malas que buenas. Desde la esquina más próxima vemos agitarse frenéticamente un pañuelo blanco. En unos días más, el año 20 ya irá a “formar entre los muertos”, como dice un poeta en Brindis del Bohemio. Y es natural, claro está. Sería peor la perennidad en todo. Las cosas buenas siempre son efímeras y pasajeras; sólo las malas pronto retornan, otra vez.
Repasaremos un poco el año que se nos va. La pandemia nos paralizó la vida. No hay gran cosa que cosechar. La preocupación por el trabajo va de punta. Fue difícil combatir el mal sin cerrar la economía. El parásito asiático parecía estar esperándonos en cualquier parte, tal vez en la esquina de nuestra calle. Nunca habíamos sentido encogérsenos así la existencia. “No salgas; quédate en casa…”
Un país de pocos recursos se vio obligado a emplear su tiempo y su menguado dinero en afanes electorales. Sin el fraude, hubiéramos podido realizar otras actividades. Y lo malo, lo pésimo, no es que se haya cometido el delito, sino que, sin justicia capaz de sancionar, todo ha quedado bajo el manto de la impunidad. Extrañamente, este es el país donde se puede llevar una espléndida vida de magnate, sin serlo; donde también hay republiquetas con dueño.
Así y todo, hasta antes de aquel marzo sólo las elecciones era lo pendiente. Y ella, la beneficiaria, no supo valorar lo que le llegó como obsequio del azar. Tal vez ha ocurrido así: “Un cartero misterioso le entregó en la puerta un mensaje donde se le comunicaba que, por sucesión constitucional, ella era la presidente. Ante el abandono de los azules, y porque ejercía la segunda vicepresidencia del Senado, le correspondía. Pero exclamó: ‘Yo no te he pedido; tú mismo tendrás que sacarme de esto”.
Y, casi en seguida, la pesadilla. La enfermedad nos desnudó la miseria física y moral. Los hospitales colapsaron; enfermos y muertos por doquier, en las calles. Y lo peor: otro enemigo interno se asoció con el virus: “No hay pandemia; es un invento de la derecha o del imperio”. Sin embargo, los carros que trasladaban oxígeno medicinal fueron retenidos; las ambulancias y personal médico, víctimas de atentados. De esta forma, se abrieron para Jeanine dos frentes de lucha: el político y el de la pandemia.
Por su debilidad, el TSE fue de similar consistencia que el Gobierno. Los azules cometieron dos delitos electorales que debían inhabilitarlos: el fraude y la divulgación de encuesta; pero el tribunal fue incapaz de sancionar. La corrupción estuvo más activa que la transparencia prometida. La fragmentación de los partidos funcionó muy bien, y aseguró el triunfo del MAS en las urnas.
La desesperación por parar las arremetidas del coronavirus, obligó a recurrir a medidas extremas. Pero sin poder evitar, la cuarentena tenía doble filo: la desocupación y la amenaza del hambre. De los ricos tal vez mermó un poco su fortuna; pero muchos profesionales y los artesanos en general bordean hoy la pobreza. En economía, el país está muy mal. En cifras, los indicadores revelan el desastre. Y el virus no se ha extinguido, parece volver con mayor fuerza en el rebrote anunciado. Tal vez otra tanda de estragos se nos viene encima.
Y quién sabe con una con visión pesimista, este es el equipaje de posta que nos está dejando el año 20, para seguir caminando, con renovado esfuerzo, por la pendiente de cuesta arriba.
El autor es columnista independiente
Columnas de DEMETRIO REYNOLDS


















