Obituario digital
Puede sonar tétrico y tenebroso hablar de la mortal visita que La Huesuda hace y hará a cada uno de nosotros y, es por demás, un lugar común manifestar que la muerte es parte de la vida. Sin embargo, las redes sociales, pandemia de por medio, la han vuelto más común, aunque no menos penosa y triste.
Darse una vuelta por Facebook es encontrar un permanente obituario digital. Hay muchas despedidas, caras tristes y perfiles transformados en memoriales.
También encontramos un sinfín de reproches a un gobierno boliviano calificado de inoperante e incompetente, que no está haciendo bien su trabajo para enfrentar a la pandemia y, encima de todo, dice que el país recibirá vacunas gratuitas gracias a sus gestiones, cuando se sabe que fue la gestión anterior la que pudo, de alguna manera, conseguir que Bolivia esté dentro del circuito Covax.
Empero, más allá de ello, de los hallazgos, queda una pregunta implícita ¿Cuál es el legado digital que estás dejando?
¿Tu cuenta de WhatsApp será capaz de resistir el escrutinio de tus hijos? ¿Todos tus correos electrónicos podrán ser leídos por tu consorte?
Imagina que de aquí a 10 años haya la suficiente inteligencia artificial para recrearte. No sólo para darle play a tu mensaje y escucharte ad infinitum, sino para que puedas responder al saludo cariñoso de tu familia, o para responder, coherentemente, al intercambio informativo con una persona viva.
Esa inteligencia digital habrá podido crear un ser digital, que será tu otro yo. Una versión mejorada que habrá tomado prestado de tu Facebook, Tik Tok, o Twitter, lo mejor de tus posteos.
Así que pregúntate ¿qué es lo que estás posteando a lo largo de estos años? Si eres de los que pusiste sólo memes o bromas, serás el comediante número uno. Si te la pasabas puteando, tu alter ego digital será un gruñón, si compartías recetas probablemente seas un chef digital, y si colocabas bendiciones, puedes imaginar en quién te convertirías. Así de variopintos serán los personajes que pulularán en la esfera digital.
Entonces detente a pensar en el legado digital que estás dejando. No pienses en el terrenito de engorde que dejas, o en la casita para tus nietos. Sino en los recuerdos entrañables, en las risas, y en la magia vivida a cada paso.
Así, La Huesuda podrá ser vista como una amiga más a quien recibirás con serenidad y no con miedo, porque ella, junto con el avance tecnológico te pueden proporcionar eso que hoy buscas, y quizás por la ansiedad no encuentras, y es un instante de sosiego para permitirte pensar en tu testamento digital.
La autora cree que hay vida digital, después de la vida
Columnas de MÓNICA BRIANÇON MESSINGER


















