El fuego de la ineptitud
Es preciso que, antes de despotricar contra la omisión de acciones de algunos, agradezca profundamente la ardua labor de los bomberos, voluntarios y decenas de personas que arriesgaron su vida para salvar nuestro pulmón y fuente de agua de la región. Lo que hacen es digno de admirar y aplaudir de pie.
Ahora sí, agárrense que esto debe generar un mea culpa a todos. En primer lugar, es realmente una estupidez de nuestra parte que todos los años suceda lo mismo y nunca lo sepamos prevenir. ¿Alguien que vive más de dos años en Cochabamba no sabía que se quemaría el Parque Tunari? Todos, porque sucede todos los años, hasta el Facebook me lo recuerda.
Estuve ahí en muchos incendios. Aún conservo los tenis que se quemaron en una de tantas coberturas. El olor a vegetación quemada, las aves escapando, el sonido de los árboles y plantas agonizando quedarán grabados para siempre en mi memoria, así como las innumerables notas escritas, como si fuera un horrible déjà vu, sobre las numerosas carencias de los voluntarios, sobre las acciones de vigilancia posteriores que nunca se concretan. Realmente somos tan estúpidos que esperamos el mismo desastre de siempre para volver a hablar de lo mismo, sin llegar a resolver nada.
Y es que el principal problema es que ese parque es de nadie. Existe un grupo de ineptos en cada municipio y en la gobernación que dicen: es tuición del Ministerio de Medio Ambiente y Agua. En efecto, el tutor de nuestra área protegida es el gobierno central, pero nunca los escuché pronunciarse tras ningún incendio, pero cuando se desliza el cerro sin plantas, vienen para la foto con sus botas en el barro (ojos arriba, “ineptos”).
Ese ministerio parece tener muy olvidada a Cochabamba hace ya demasiado tiempo. Nuestros proyectos de saneamiento básico están dormidos en La Paz, al igual que las regulaciones de los botaderos a cielo abierto y la contaminación del aire. Es todo un mal chiste de ineptitud, pero el colmo es dotar de un ínfimo monto de recursos a los guardianes del parque. Obvio, menos de una docena de guardaparques no van a resguardar los cientos de miles de hectáreas.
Todo esto lleva a que los pirómanos estén sueltos y que año tras año se dediquen a quemar el Parque, y la laguna también, y poner en aprietos a toda la ciudadanía. Delincuentes a los que nunca se logra detener, ni procesar, ni siquiera amonestar con tarjeta amarilla, porque nadie se molesta en buscarlos.
Queridos e ineptos cochabambinos, no se quema sólo el paisaje, se quema nuestra mayor fuente de agua para la región metropolitana. Si usted dice que su agua viene de un pozo que cavó usted solo, pues sepa que esa vertiente está ahí gracias a las infiltraciones en el Parque Tunari.
Me falta espacio para decir las bondades del Parque y la rabia que me genera ver la ineptitud de tantas personas. Ojalá, algún día, se den cuenta de que el agua no se fabrica y propongan acciones reales de protección para el Parque Tunari y no solo manden a un centenar de soldados a “vigilar”. Si se tiene que amurallar para que nadie entre, pues que así sea. Hasta que aprendamos a ser civilizados y no ineptos.
La autora es comunicadora social
Columnas de LORENA AMURRIO MONTES

















