La imposición de lo peor
Es también, debo reconocerlo, con una especie de fascinación morbosa que voy viendo cómo se da, cómo se trama y ejecuta la imposición de lo peor —en todos los órdenes.
Lo peor en una sociedad, en una ciudad, en una vida humana, llega por el lado político. El siglo pasado ha dejado indelebles lecciones sobre el estalinismo, el fascismo, la “revolución” nacional socialista, el castrismo… pero no se aprende nada. Vuelven a aparecer hordas humanas guiadas por nuevas fes y creencias sustentadas en la ignorancia, en la promesa de participar de los saqueos ya en curso…
Hay que ver el fanatismo, el odio, el convencimiento de las hordas masistas y ni de lejos, ningún otro grupo, está tan convencido, tan pronto, tan dispuesto, tan violento. Esto es fascismo puro y duro, es nazismo. No lo digo alegremente ni como una vituperación: todo lo que hacen se reconoce en una u otras páginas del tomo Totalitarismo de Hanna Arendt. Es tal cual.
LO PEOR, además, para imponerse necesita hacerlo con violencia, a la fuerza. Lo bueno, al contrario, se impone tranquilamente: basta entregar bibliotecas y jardines.
Pero lo malo para imponerse, más bien, debe doblegar a quienes no marquen el paso como lo decidan y debe actuar con fuerza y con violencia.
Los macabros y carísimos despliegues militares de ahora mismo se hacen para amenazar y enseñar el puño. Al mismo tiempo se duplica, más allá de todo delirio, el presupuesto de propaganda. Balas y mentiras: no tienen más que exhibir.
Hasta dónde llegarán, si este es un hundimiento casi definitivo, tras el que poco de bueno quedará del país, todavía no lo sabemos. Pero nada alienta al optimismo.
El autor es escritor
Columnas de JUAN CRISTÓBAL MAC LEAN E.






















