Resurge la Unión Soviética (URSS)
Confieso que soy aficionado a la geografía. Pero tuve que desempolvar tres viejos tomos de mapas europeos, para entender por qué el mundo está a un tris de una guerra. Uno de 1942: me sorprendió que no mencionara la Segunda Guerra Mundial con una Inglaterra en ruinas y el capricho de Goering insistiendo en rematar a la orgullosa Albión con sus bombardeos. Todavía figuraba la Rusia Blanca, hoy Belarus. Un segundo volumen de 1963, con Ucrania parte de la URSS, que me recordó lo fácil que fue a la Wehrmacht nazi discurrir por planicies ucranianas y empantanar sus Panzer en las lodosas vías de la Rasputitsa, el Coronel Otoño de lluvias copiosas y barriales que preceden al General Invierno, siempre aliado de Rusia. La tercera fuente de mis devaneos era un empastado de Los Tiempos de mejores tiempos, 1994, con Ucrania y la Rusia Blanca todavía dentro de la URSS, así como la península de Crimea, con su Sebastopol de fastos guerreros rusos. Las tres repúblicas bálticas —Lituania, Letonia y Estonia— seguían como satélites de la URSS. Hoy en día, ¿qué será del enclave soviético en Kaliningrado?
No lo tengo muy claro, pero tiene que haber sido el presidente Reagan y su amenaza de Guerra de las Galaxias, antes de que se inspirase George Lucas en la saga fílmica que le hizo millonario y tiene a mi familia comprando sables de luz para nuestro Jedi, quien también es nuestro nietito. ¡Cuidado algún resentido por ahí, que soy aprendiz de mi Gran Maestro Jedi en los firuletes de combate de técnicas y movimientos que hacen palidecer a la esgrima de D’Artagnan! (Claro que, compasivo tal vez de su abuelito, el máximo nivel que alcanzaré será de ‘estratega’).
La cosa es que el derrumbe del imperio de la Unión Soviética disgregó a sus países satélites. Sostengo que, por lo menos a lo que atañe a Rusia, Bielorrusia y Ucrania, hay una gran diferencia entre ellos: la religión. En efecto, los rusos son cristianos ortodoxos, los bielorrusos católicos y ortodoxos, y los ucranianos, aparte de persignar el hombro derecho antes que el izquierdo de los ortodoxos: sufrieron la hambruna de nazis y soviéticos en la Segunda Guerra Mundial, y, siempre, que yo recuerde, del prejuicio ruso. ¿Qué hacer con Georgia y Armenia? Diferente es la situación de los satélites soviéticos del sur, que son de mayoría musulmana. ¡Guay de meterse con ellos!, como aprendieron la URSS y EEUU en Afganistán.
Ayer, un inescrutable Vladímir Putin inició lo equivalente a una invasión de Ucrania, sin importarle las severas sanciones que EEUU le impondría. ¡Qué va!, con las sanciones bancarias, porque el dinero no tiene nacionalidad y la plata de los oligarcas rusos está en bancos capitalistas y sus mansiones en Florida y la Costa Azul. El gas natural barato que calentaría hogares alemanes ya no llegará, para solaz de los Emiratos Árabes. Los europeos todavía no han abierto la boca y siguen en desacuerdos, los africanos quieren migrar a Europa, los centroamericanos y los ricachones sudamericanos siguen tras el “sueño americano”.
Tal vez Japón hará el bautismo de fuego de sus dizque “fuerzas defensivas” en las islas Sajalín, los heroicos finlandeses recuperarán el lago Ladoga. Los rusos no resistirán la tentación de poner ojivas nucleares a sus “órganos de Stalin” y destruir la Estación Espacial Internacional. La OTAN replicará con misiles atómicos y Estados Unidos estará en guerra civil entre gringos blancos y afroamericanos más “cafecitos”. El resto del mundo aguantará, si es que para entonces el cambio climático y la tragedia planetaria no lo han destruido.
Fuera de exhibir especies exóticas que quizá sean alienígenas que viven en el fondo de mares profundos, los papeles y envases plásticos descartados en las playas, la amenaza a la diversidad biológica de los océanos, sigue “viento en popa a toda vela” y no son corsarios ni piratas los culpables. En las selvas, la tala de árboles y la deforestación mercachifle quizá son tan nocivas como fumar mil cigarrillos al día sin que preocupe el cáncer. Hablar del pulmón del planeta en las plantaciones de palma aceitera en Indonesia es tan vano como abogar por cremas de belleza sin ácido “hialurónico” por vaselina o preocuparse de los indios Xingú en la Amazonía. En Europa han mejorado ventas de autos eléctricos, pero ¿a dónde van los cacharros energizados por combustibles fósiles generadores de polución?
Con su torpe retirada de Afganistán, Estados Unidos probó que hasta los talibanes los aporrean. No debe sorprender que Putin aproveche para intentar la resurrección imperial de la Unión Soviética.
De lo que estoy seguro es que Bolivia se acoplará al grupo latinoamericano de potencias en apoyo de Rusia (Cuba, Venezuela y Nicaragua), ofreciendo apoyo aéreo como hiciera con Argentina y su Guerra de las Malvinas.
El autor es antropólogo, win1943@gmail.com
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