Es gente que se importa de ella misma
Tal cual, sólo si uno se importa a sí mismo, es capaz de rebalsar el emblemático Cristo Redentor y sus alrededores para exigir su derecho de ser bien contado y registrado; no para decir que somos cada día más (que lo sabemos hace rato), sino para reclamar que se atienda a todos y cada uno de los que aquí vivimos, porque, una vez sepamos cuántos somos y cómo vivimos, tendremos que establecer, como tarea interna inmediata, cuánto nos falta y qué hay que hacer para cerrar las asimetrías; somos un departamento rico en esfuerzo, trabajo, ideas y posibilidades, que tiene muchos pobres, más de lo que imaginamos y es necesario reducir esas diferencias… Ésa es una tarea impostergable. ¿Podemos hacerlo? ¡Claro que sí! Por eso, hay que saber exactamente cuántos somos y cómo estamos.
En el cabildo mismo, en una entrevista, me quedé corto: pensé que probablemente no se había llegado al millón de personas. Aseguré y sigo creyendo que no era una competencia con los demás cabildos; ahora que estoy escribiendo después de ver videos, fotografías aéreas y leer a gente que sabe de esto, no tengo dudas que probablemente es el cabildo más grande al que haya asistido, pero ése no es el tema: el tema es que “a nosotros nos importamos nosotros”, por eso fuimos al Cristo, digamos que una de cada dos personas del departamento estuvo en el lugar.
En el transcurso del apoteósico encuentro de gente de todos lados, Camiri, San Javier, San Matías, Vallegrande, Comarapa , decían, orgullosos los que se acercaban; Potosí, Cochabamba (llajtamasis), decían otros, paceños, se identificaban; eran gente pobre y pudientes, todos mezclados entre la algarabía y la música de unas 10 bandas diseminadas a lo largo del trayecto que pude recorrer, tratando de sentir de qué estaba hecho el cabildo y llego a la conclusión de que lo hizo la gente que quiere que no le sigan robando la posibilidad de ser visible en el país.
Cuando escribo esto, puedo asegurar que entre 1.600.000 a 2 millones de personas “no existen en el país”, aunque puede que en muchos de los casos tengan hasta cédulas de identidad, pero hasta ahí llegan, porque no son parte de los factores de distribución cuando de hacer políticas de salud, educación, trabajo , vivienda y otras que hacen a los buenos índices de desarrollo humano se trata.
Te cuento que en estimaciones y proyecciones de población, según departamento y ciudades con mayor proyección 2012 y 2022 (revisión de 2020) de los ministerios de Educación, de Salud y Deportes y del Instituto Nacional de Estadística (que no valdrá mucho, pero es lo que tenemos), a Chuquisaca no le cuentan para cálculos gubernamentales al menos a 70 mil personas; a La Paz, unas 300 mil personas; a Cochabamba, 300 mil, y a Oruro, 65 mil.
Potosí está en unas 70 mil personas debajo de los cálculos gubernamentales; en Tarija tiene que haber unas 100 mil personas que no entran en las estadísticas de repartición de los elementos básicos a los que tienen derecho: reitero, salud, educación, trabajo, políticas públicas; en Beni falta contar unas 90 mil personas y 50 mil en Pando.
Santa Cruz necesita que “den alta” a 650 mil personas por lo menos…
Eso es lo que no quieren entender los que gobiernan; los del poder central y los alcaldes y gobernadores que están mal económicamente, pero que aceptan por política o por mansos o, esto es lo peor, por beneficios personales (tachen lo que no corresponda).
No reclamar que haya censo en 2023 y éste se aplique inmediatamente se tengan los resultados, es decir, a los seis meses como máximo, digamos que a inicios de 2024, es postergar absolutamente todo: lo económico, lo técnico, lo legal; eso en cuanto a tareas eminentemente distributivas y planificadoras, pero en lo social el asunto es peor, ya no podemos seguir como estamos: la gente necesita seguridad social en función de cuántos somos (eso es lo que se llama lo que nos falta); necesita trabajo, seguridad pública y planificación para evitar el vaciamiento de regiones enteras.
Siempre digo que si defienden la altura “para jugar fútbol”, si hablan de sus milenarios años de existencia, no pueden entender que no es posible que la gente siga saliendo de allá, donde nacieron, crecieron, se reprodujeron… ¿Sólo porque no les llega la mano del Estado y tengan que vivir sembrando cuatro cosas que son de sobrevivencia y esperando el paso de contrabandistas a los que les alquilan sus patios y de narcotraficantes que les dejen unos pesos “por sus servicios”?
No, no es posible que al poder no le interese más que el cálculo político de mantener los curules que tienen por la absurda e inequitativa decisión de “mayorías” de elegir 27 diputados uninominales en áreas urbanas (unos 6 millones de votantes) y 36 en áreas rurales donde viven más o menos 200 mil a 250 mil habitantes y por eso no importan las cantidades de gente que elijan, sólo porque ésos son los votos que les “dan mayoría”.
Eso se acaba con el censo, se tiene que acabar; el censo nos tiene que mostrar otro país y eso es lo que no quieren; ese país redistribuye inmediatamente médicos, personal de salud, hospitales, maestros, escuelas y dinero en función de lo que está escrito, pero va a ser insuficiente, de manera tal que hay que pensar en el necesario Pacto Fiscal, en el que debe haber de lo coparticipable al menos 50% para el Estado y 50% para los departamentos; no es mucho para el centralismo, pero es muchísimo para los departamentos.
Por eso digo que somos gente que se importa a sí misma, por eso llenamos y rebalsamos el Cristo Redentor, que no puede dejar de ser el espacio de los cabildos, donde se le pregunte a la gente si quiere censo y si quiere, de ser necesario —y no nos escuchan pese a que el SÍ debe haber llegado a todo el país—, un paro indefinido; para eso falta, para eso hay que debatir sin intermediarios la propuesta cruceña contra las diapositivas del INE y el odio del ministro Cusicanqui que no parece darse cuenta de la realidad.
Esto está planteado de esa manera, no hay vuelta atrás, no es capricho: son razones dichas y escritas en forma de propuesta técnica, pero, sobre todo, somos personas que estuvimos en el Cristo que nos representábamos a nosotros mismos.
No importa si el Portavoz que usaba saco rojo cambia de discurso y, a falta de argumentos para referirse al cabildo, ahora sale a llorar diciendo que no es democrático dar plazos y ultimátum. ¡Andá a que te costuren, Richter! La fuerza de la gente no la vas a entender nunca…
¿Sabés por qué? ¡Porque somos gente indómita y rebelde que se importa a sí misma!
Columnas de CARLOS FEDERICO VALVERDE BRAVO






















