Tema muy serio (o tal vez no)
Encuentro con cierta frecuencia a loquitos que superan los límites de lo razonable en cuanto a celos (límites bastante amplios en esta cultura nuestra tan autoritaria y proclive a la desconfianza). Uno de los síntomas más sorprendentes, especialmente entre los jóvenes, es la exigencia de conocer las claves del mail y redes sociales de la pobre víctima de tanto “amor”. Parece que existe el derecho humano a revisar el celular de la pareja.
Y claro, como respeto las prácticas ancestrales de la cultura nacional, usualmente me abstengo de decir nada cuando me entero de algo así.
Ahora bien, me acabo de enterar de una “prueba de amor” que se está poniendo de moda entre ciertos energúmenos y eternos adolescentes: instalar en el celular del ser amado una aplicación de vigilancia para conocer su ubicación en tiempo real.
Díganme anticuado y enemigo de la tecnología, trátenme como hombre frío e indiferente, no importa: igual seguiré pensando que vigilar a la pareja de esa manera es una barbaridad, sin atenuantes ni justificativos.
Obviamente pienso esto porque la libertad me parece un valor fundamental. Es algo esencial en mi vida.
Sin embargo, me han hecho notar que no todos en este país aprecian la libertad con la misma pasión. Me dicen que muchos bolivianos añoran el látigo y bendicen sus cadenas... vengan éstas del Estado, la tribu, la tradición... o del amor. ¿Quién soy yo para criticarlos (las)?
Otros afirman que este afán de control se justifica: es “por si pasa algo”. O sea, una vigilancia policial con buenas intenciones.
Frente a estas explicaciones, sin duda llenas de sentido común e infinito amor, toca consultar otras opiniones. Por ello me permito preguntar, amigos y amigas, esta vigilancia permanente ¿les parece razonable y un signo de afecto? ¿Quisieran conocer en todo instante y sin posibilidades de engaño la ubicación de sus chicos, chicas, novios, novias, etc?
Columnas de ERNESTO BASCOPÉ


















