Bolivia, ¿incluyente?
La mujer ocupa sólo el 35 por ciento de la planilla de las empresas en Bolivia, según un estudio realizado este año por la Fundación Iguales respecto a la participación femenina en la mediana y gran empresa.
Es decir que, de cada 10 cargos en las planillas de las compañías nacionales, apenas tres (y a veces cuatro) son ocupados por mujeres. Y aunque existe un notable empoderamiento en diversos ámbitos, en muchos casos se trata de simples poses, como el que pretende mostrar a la Bolivia Pluricultural como una de las tres naciones con mayor paridad de género en cargos políticos. La realidad enseña que los partidos y siglas hacen lo posible por cumplir con la norma para que en la práctica se vean destituciones, licencias o simples “levantamanos”, sin aún contar con una real postura y poder de decisión (ojo, hay excepciones).
Sucede lo mismo con denuncias de maltrato o violencia de género, e incluso feminicidios: Bolivia cuenta con amplias leyes de avanzada, que en realidad se quedan en papeleos porque, hoy, siete de cada 10 mujeres siguen siendo víctimas de malos tratos y cinco de cada 10 fueron violentadas sexualmente, mientras los sancionados con imputaciones no llegan a uno de cada 35 casos.
Otro claro ejemplo es el que se vive en el ámbito familia: cada mujer trabajadora llega a su casa a seguir trabajando, y, cuando no trabaja fuera de su hogar, es sindicada de “hacer nada” o de no aportar en los gastos de la familia. Este tema ha dado y da aún “derechos” excesivos a los varones, que perpetran abusos psicológicos con sus posturas de machos “cansados” al mando del control de su televisor o de su celular.
La ley 348 en algo ayudó al sexo femenino a protegerse. Determina la existencia de al menos 16 tipos de violencia y los clasifica e incluso enumera. Pero también entrampó algunos aspectos (hecha la ley, hecha la trampa), como el que interpreta al mejor postor que si el varón no trabaja, será la mujer quien mantenga a los hijos. Y por esos excesivos inescrupulosos, a menudo se ve deambular a las divorciadas por los pasillos, cuando sus exmaridos presentan una carta de despido (consensuada con sus jefes y/o abogados) para que, en castigo de la separación, sean ellas quienes se carguen todo al hombro, incluyendo la ridícula determinación de pasar una pensión al excónyuge. Irrisorio, pero cierto.
Datos como los mencionados quedan cortos frente a la realidad que aun hoy afecta a cada mujer boliviana, Pero, en lugar de queja, el texto este celebra los cortos avances que suman de a poco entre todas las batallas. Celebra la fortaleza, el don de entrega, el sentido de lucha y de trabajo; el don de la honestidad y celebra el futuro, que debe ser mejor.





















