Contexto de inicio de campaña de Andrónico
Cada vez que la democracia es desbordada por la violencia ejercida en su nombre, como ocurre en todo acto violento, no hay retorno posible al estado anterior. Tal fue el caso de los hechos acontecidos en Llallagua el 11 de junio del presente año: allí se fracturó el tejido social y comenzó una guerra de baja intensidad como prolongación de la política. En ese punto, cuando la política misma es desbordada, la democracia queda suspendida, anulada.
Frente a este escenario, los actores políticos responsables de la toma de decisiones optaron por reforzar la presencia del Estado mediante el despliegue de efectivos militares y policiales. Se trataba de restaurar, al menos en apariencia, la normalidad entre dos sectores en conflicto: por un lado, los pobladores de Llallagua, demandantes de paz social; por otro, quienes protestaban por el alza de precios de la canasta básica y la escasez de combustibles. Sin embargo, estas demandas fueron rápidamente puestas en entredicho, pues los bloqueos parecían más bien una prolongación del reclamo por la habilitación de Evo Morales como candidato, y de forma implícita, una presión directa contra el gobierno de Luis Arce.
Este intento de desestabilización no prosperó. Por el contrario, reforzó la imagen del presidente Arce como un político que aún batalla por la sobrevivencia de una democracia en crisis. Inmediatamente después de este salvataje institucional, la Policía Boliviana intervino invernaderos de marihuana ubicados a pocas horas de Llallagua, e identificó a varios bloqueadores como miembros del Ayllu Qaqachaca, conocido como “México chico”. De ahí surge la sospecha de que estas medidas de presión no respondían tanto a demandas sociales legítimas como a la defensa de intereses vinculados a actividades ilícitas.
En este mismo contexto, el presidente del Senado, Andrónico Rodríguez, inició oficialmente su campaña electoral el 28 de junio. Sin embargo, no lo hará desde un escenario democrático consolidado, sino en medio de una atmósfera cargada de violencia, descrédito institucional y su propio discurso de justificación hacia los bloqueadores, a quienes defendió por tener “razones legítimas”. Estas declaraciones fueron interpretadas por diversos sectores como una señal de subordinación a Evo Morales y como un respaldo tácito a los enfrentamientos que derivaron en la trágica muerte de cuatro efectivos policiales.
A pesar de ello, Andrónico iniciará su campaña acompañado de militantes de primera línea del evismo, quienes, al ver debilitado a su líder histórico y con pocas posibilidades de que logre inscribirse como candidato, han comenzado a migrar hacia sus filas.
Algunos lo hacen de forma indirecta, como es el caso de Carlos Romero, exministro de Gobierno durante el gobierno de Morales, quien ha afirmado que no es un traidor al evismo, pero que no quiere ser parte de una guerra intestina. Su mejor aporte, según sus propias palabras, será su ausencia.
En este escenario complejo, Andrónico no solo deberá lidiar con el silencio que él mismo ha impuesto; también enfrentará dudas crecientes sobre su programa de gobierno, la elección de su binomio vicepresidencial y la definición de candidaturas parlamentarias. Todo ello, en medio de un ambiente aún marcado por la tensión, las fisuras internas y la incertidumbre sobre el rumbo que tomará su proyecto político.
El autor es politólogo
Columnas de VLADIMIR HUARACHI COPA


















