Priorizar la calidad educativa
En un tiempo con un amplio acceso a las nuevas tecnologías y el avance de la Inteligencia Artificial (IA), la calidad educativa de los estudiantes en América Latina está en un retroceso cualitativo que debería obligar motivar a las autoridades educativas y a las personas en general a preguntarse qué ocurre y qué se tiene que hacer para salir de este estancamiento.
La preocupante situación de la educación en los países latinoamericanos ha quedado reflejada en los últimos resultados de las pruebas PISA que constata este lamentable retroceso educativo en los países de América Latina donde se aplica. Bolivia no se halla en los resultados, porque no es parte de este examen internacional por la denominada soberanía educativa.
¿Qué son las pruebas PISA? Es el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos, por sus siglas en inglés, desarrolladas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y son consideradas una herramienta fundamental para evaluar y comparar el rendimiento académico de estudiantes de 15 años a nivel internacional. Los exámenes se realizan cada tres años en 32 países, desde 1997, para conocer el estado de la educación a nivel mundial.
Pero Bolivia no participa en las pruebas PISA, según el Gobierno, por la Ley Avelino Siñani-Elizardo Pérez, según un reporte del diario Correo del Sur.
“Los resultados de PISA 2025 mostraron un nuevo retroceso de varios países de América Latina frente al promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Argentina y México registraron fuertes caídas en matemáticas”, según el portal de Infobae.
En los países, donde se aplica la prueba los resultados son un diagnóstico indispensable para ajustar su modelo educativo y una llamada de atención sobre la importancia de identificar las causas para este retroceso y avanzar a una mejor calidad educativa al menos en las tres áreas que son evaluadas: matemáticas, lectura y ciencias.
Los análisis muestran una combinación de factores para la caída de la calidad educativa, que van desde estructurales hasta de distracción y hacinamiento en las aulas. Entre las razones se halla la desigualdad económica; pero, también, el uso sin regulación de los teléfonos celulares en las aulas y el crecimiento de la población estudiantil sin que se prevea la cantidad suficiente de maestros.
La educación siempre será un factor de cambio en las sociedades, por lo que los gobiernos nacionales, departamentales y locales deben generar políticas públicas que vayan más allá de la construcción de infraestructura y busquen la calidad educativa.





















