Al compás del populismo
El populismo ha sido nuevamente identificado como la causa para la aparición de Gobiernos que como dijo Ban Ki-moon, cambian las constituciones, manipulan elecciones y asumen acciones desesperadas para aferrarse al poder. Los populistas aprovechan la posibilidad de acceder a sectores ciudadanos con cierto grado de vulnerabilidad, para manipularlos e implantar colectivamente la idea de que quienes no están con ellos, son antipatriotas, responden a los intereses de EEUU y el imperio e incluso, que su propósito es gestar golpes de Estado. Se nutren con la desinformación de algunos sectores de la sociedad, y los utilizan para posicionar proyectos políticos bajo el paraguas de la democracia. A título de ella, piensan que una vez en el poder, son omnímodos y perennes, y que por predestinación de los astros, los pajaritos, las piedras, etc, son Mesías que han venido a liberar a pueblos oprimidos por el capitalismo y las transaccionales. Razón suficiente, dicen ellos, para imponer un régimen de persecución ya no al estilo de décadas pasadas, sino a la luz de tiempos actuales donde existen diversas maneras de cooptar todo aquello que permita reinados permanentes. Creen que por “ser revolucionarios” les está consentido modificar la Constitución cuantas veces sea necesario a efecto de buscar prorroguismos que niegan la alternancia en el poder; controlar los Órganos del Estado al punto de concentrar en uno solo --el ejecutivo-- la forma de gobierno o manipular la justicia en función a intereses partidarios, pulverizando a cuanto oponente se pone al frente o a cuanto contestatario se anima a pensar y hablar diferente. En la 71 Asamblea General de la ONU, por ejemplo, coincidieron Gobiernos y líderes con visiones progresistas y con un discurso alentador de la integración, la armonía, la paz mundial, el intercambio comercial, el respeto por los derechos humanos y los migrantes, y por códigos democráticos que fortalecen instituciones y pueblos, con los populistas que en un puñado reducido, buscaban hacer cuerpo. En la cita, Obama alertó sobre el populismo y fue más allá al subrayar en la importancia de “ir adelante y no atrás; creo que, -- dijo-- aunque no sean perfectos, los principios de libre mercado, Gobiernos responsables, democracia, derechos humanos y respeto al derecho internacional siguen siendo fundamentales para el progreso en este siglo”.
Queda claro que el primer presidente de raza negra de EEUU cumplirá su mandato constitucional sin buscar una reforma que le permita terciar nuevamente. Y es que así como existen países donde la institucionalidad ha sabido vencer a personajes que han abrazado corrientes populistas para encantar electorados, existen otros tantos como Venezuela que a diario le dan la espalda a la democracia, al punto de haber convertido el chavismo a todas las instituciones de ese país, en un circo que gira en torno a una cúpula civil militar que ha encontrado en el CNE, a su aliado más preciado. Venezuela es la radiografía perfecta de lo que los populistas buscan una vez llegan al poder, a fin de permanecer en él a costa del matonaje político y de la candidez del discurso. Lo deseable, en circunstancias como ésta, y cuando existen países que se debaten en la debacle de reformistas, revolucionarios, pensadores constitucionales y sofistas, es que el populismo, que es el verdadero opio del pueblo y no la religión, termine derrotado junto a pequeñas nomenclaturas que osan hablar de imperios cuando lo que buscan es erigir uno.
El autor es abogado.
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