SAN MATÍAS. UN PELIGROSO ANTECEDENTE
La decisión gubernamental de involucrar a las FF.AA. en la lucha contra el narcotráfico es de máxima importancia, pues puede introducir un muy peligroso elemento de corrupción y descomposición en la institución militar
Una ola de asesinatos, el más reciente de los cuales fue el perpetrado contra una funcionaria de Migración en San Matías, en la frontera con Brasil, ha vuelto a dar máxima actualidad a un asunto que durante los últimos tiempos ha sido relegado a un plano muy secundario en la agenda pública nacional a pesar de la importancia que tiene. Nos referimos al creciente poder de las organizaciones dedicadas al tráfico internacional de drogas, que contrasta de manera notable con la debilidad de las instituciones estatales dedicadas a combatirlo.
El caso de San Matías es muy ilustrativo al respecto. En efecto, como se ha sabido a raíz de las recientes noticias, se trata de un pequeño centro poblado en el que habitan unas 15.000 personas y, según datos oficiales, contaba hasta el pasado viernes con el resguardo de cuatro policías, cuya labor es respaldada por un juez, único representante de Órgano Judicial en el lugar. Esos funcionarios eran los encargados de poner orden y hacer justicia en un punto fronterizo a través del que fluyen hacia Brasil decenas de toneladas de cocaína.
Según los más recientes estudios sobre los volúmenes y las características actuales del negocio del narcotráfico, se calcula que al menos 100 toneladas de cocaína pasan anualmente por los centros poblados más cercanos a la frontera con Brasil y San Matías era, hasta hace unos días, el centro más importante de acopio y distribución. Se calcula que esas actividades mueven entre 800 y mil millones de dólares anuales, lo que a su vez dio gran dinamismo a otras actividades ilegales y criminales como el contrabando de vehículos robados y el tráfico de personas.
Todos esos antecedentes, con todo lo graves que son, no son nuevos. Por el contrario, hace ya muchos años que tal situación fue identificada y se hicieron las advertencias correspondientes.
Fue precisamente por eso que hace algo más de un mes se eligió San Matías como punto de encuentro entre autoridades de Bolivia y Brasil para coordinar una serie de operativos conjuntos contra el narcotráfico, como resultado de la decisión del Gobierno brasileño de desencadenar una ofensiva policial en la frontera con Bolivia.
Es con esos antecedentes y en esas circunstancias que lo ocurrido en San Matías, y la reacción gubernamental a la que ha dado lugar, adquiere una importancia muy especial. Es muy ilustrativa al respecto la decisión gubernamental de “cuadruplicar” la presencia policial en San Matías, lo que significa elevar de cinco a 20 el número de efectivos policiales, mientras, por otra parte, se opta por la completa militarización de la zona, mediante la intervención directa de al menos 200 militares.
La decisión de involucrar de manera tan directa a las FF.AA. en la lucha contra el narcotráfico no es algo que pueda ni deba pasar inadvertido, como si de algo rutinario se tratara. Es, por el contrario, un hecho de máxima importancia pues, como enseña la experiencia propia y ajena, puede introducir un muy peligroso elemento de corrupción y descomposición en la institución militar, y de violencia desenfrenada en la sociedad. Los resultados a los que ha conducido ese camino en México, por ejemplo, dicen mucho al respecto.



















