25 de mayo: 208 años de dificultades
A pesar de lo adversas que son las circunstancias que debe afrontar Chuquisaca, se puede esperar que de los errores se extraigan las lecciones para hacer las urgentes rectificaciones
Hoy, 25 de mayo, se conmemora el 208 aniversario del primer grito libertario de nuestra América, cuando en las calles de la ciudad de Charcas, la actual Sucre, en 1809 se inició el proceso que culminaría 16 años después con la creación de la República de Bolivia.
Paradójicamente, y a pesar de lo importantes que fueron los efectos del proceso inaugurado en esa histórica jornada, el 25 de mayo no llegó a consolidarse en nuestro calendario cívico como el principal símbolo de la identidad y unidad nacional, como hubiera sido de esperar. Al contrario, se ha convertido en una muestra de la fragilidad de esos sentimientos tan necesarios para la solidez de las instituciones republicanas y la cohesión social, y de la persistencia de antiguos enconos que, además de opacar los actos conmemorativos, reavivan los distanciamientos entre diferentes sectores del pueblo boliviano.
A lo anterior se debe sumar que la economía chuquisaqueña se ha convertido en el más fiel reflejo de la debilidad de la economía nacional. En efecto, así como las abundantes riquezas gasíferas de ese departamento le dieron casi una década de bonanza, hoy los mismos factores lo condenan a ser uno de los más golpeados por la caída de los ingresos provenientes de la exportación de gas natural.
Como ahora se ve, de poco le sirvió a Chuquisaca haber tenido durante los últimos años un crecimiento de su PIB regional muy superior al promedio nacional. Fue tan mal administrada la circunstancial abundancia que no sirvió para ampliar la base de su economía y tampoco se hicieron los esfuerzos necesarios para fortalecer los pocos pilares sobre los que se sostiene su sector productivo, lo que dio como resultado que uno de los principales efectos de la bonanza haya sido el achicamiento de su sector manufacturero.
La máxima expresión de la falta de visión con que durante los últimos años actuaron en Chuquisaca los tres niveles de gobierno —central, departamental y municipales— es el penoso estado al que ha sido conducida la Fábrica Nacional de Cemento (Fancesa) que está a punto de colapsar ante la pérdida de su mercado más importante, el de Santa Cruz, debido al inicio de las operaciones la cementera Itacamba y por culpa de la necedad con que los actuales administradores de esa empresa se negaron a adoptar oportunamente las medidas que urgían para evitar que eso ocurra.
Para empeorar el panorama, no se hizo lo suficiente para fortalecer y mejorar la oferta de servicios turísticos, el otro pilar de la economía sucrense y chuquisaqueña.
El más representativo símbolo del daño que le ha hecho a Chuquisaca el mal manejo de sus recursos económicos durante los últimos diez años es sin duda el aeropuerto de Alcantarí. Se trata de una obra tan mal concebida y peor ejecutada que se alza como el ejemplo más representativo de las oportunidades que se pierden por culpa de la ineficiencia administrativa, la corrupción y la cultura del derroche.
Sin embargo, y a pesar de lo adversas que son muchas de las circunstancias que debe afrontar Chuquisaca para hacer frente a los retos que le plantea el porvenir, hay motivos para mantener viva la esperanza en la posibilidad de que de los errores se extraigan las lecciones necesarias para hacer las urgentes rectificaciones. Para ello, el sector público y el privado tendrán que aunar esfuerzos alrededor de un objetivo común, cuyo primer elemento debe ser una mirada autocrítica.

















