El colapso vehicular
Transitar por las calles de nuestra ciudad, ya sea en vehículo o a pie, se ha convertido en los últimos años en una misión casi imposible. La explosión vehicular, la concentración de los servicios, el acelerado crecimiento demográfico, la contaminación atmosférica y acústica, y la inexistencia de un plan regulador están condenando a la ciudadanía a tener que vivir en una ciudad insufrible.
Ante tan alarmante situación, durante los últimos años se han ensayado las más diversas fórmulas para atenuar sus manifestaciones más externas. Se ha aplicado la restricción vehicular en el centro y el parqueo de vehículos en algunas calles pero, más allá de algún alivio circunstancial, el problema de fondo está todavía muy lejos de ser afrontado con medidas proporcionales a su real magnitud.
En efecto, y sin negar lo importantes y necesarias que pueden ser las medidas paliativas, lo cierto es que lo que Cochabamba necesita, como las otras ciudades de nuestro país, es la adopción de muy audaces reformas que vayan más allá de los síntomas para encarar las raíces mismas del mal. De otro modo, la desorbitada explosión vehicular va a inviabilizar cualquier proyecto en el futuro.
Un primer paso, insuficiente pero necesario, es la adopción de una política de tráfico y viabilidad cuyo pilar fundamental es la reubicación de paradas y a la reasignación de rutas del transporte público. Y lo más importante, iniciar una campaña de educación ciudadana que abra el camino hacia una transformación verdaderamente radical.
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