Depresión posparto: ¿un mito?
Toda mujer tiene la idea de que la maternidad es una bendición, una etapa con dificultades mínimas y que repercute en una máxima realización. Sin embargo, poco se habla de cuando sucede lo contrario, cuando aparecen los temores de no estarlo haciendo bien y estos se agudizan con otros sentimientos negativos.
Son muchos los mitos que existen en torno a la depresión posparto, OH! conversó con la psiquiatra y psicoterapeuta, Mirtha Baina, y la ginecóloga obstetra de la clínica Los Ángeles, Teresa Espinoza, quienes abordan los principales aspectos de ésta, empezando por entender que es real y qué la provoca, además de cómo se la trata.
“Las mamás nunca cuentan la parte dura de la maternidad, al contrario, ahora en las redes sociales, muestran lo felices que son sonriendo, cuando realmente están agotadas”, cuenta Carla, de 32 años y madre dos niñas. Comenta desde su experiencia que este punto afecta más a unas que otras, pero el problema es que empiezan a juzgarse, creyendo que no lo están disfrutando y lo hacen mal, cuando en realidad la maternidad es un proceso que toma tiempo. Resalta que es difícil asimilar el cambio drástico en la vida de una. Sin embargo, destaca que con el tiempo una se da cuenta de lo maravilloso y gratificante que es, pues a un inicio es difícil comprender que una da sin recibir algo a cambio.
En este sentido, Baina explica que la depresión posparto es frecuente y que además, es algo tratable, como se desarrollará más adelante.
De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, la depresión posparto es definida como los eventos depresivos antes de las seis semanas después del parto. La ginecóloga obstetra de la Clínica Los Ángeles, Teresa Espinoza, explica que estos cuadros pueden exteriorizarse durante el tercer trimestre de embarazo y la mayoría de los casos se alarga hasta el tercer mes del posparto. Sin embargo, aclara que pueden presentarse luego de un año de dar a luz.
Asegura que la depresión posparto afecta al 9 y 16 por ciento de las mujeres en el mundo, luego de dar a luz. Indica además que los cuadros más frecuentes son en países de ingreso económico más bajo.
LA DIFERENCIA CON EL “BABY BLUES”
Baina aclara que sí es importante diferenciar desde un primer momento que después del parto la madre atraviesa una etapa normal denominada “baby blues”, en la que se siente triste. Este periodo dura poco, en la mayoría de los casos sólo semanas y se revierte solo. “No hay que medicar ni tener miedo, nada más estar atentos, porque si empeora se va a asociando a más síntomas y ya estaríamos hablando de una depresión posparto”, recalca.
Baina detalla además que en el “baby blues” los síntomas no son tan intensos, es una tristeza pero que no influye en el desempeño de ser mamá. “La depresión posparto interfiere en todas las áreas y en el entorno. La madre siempre tiene dudas y está desmotivada, eso es muy angustiante y se suman síntomas de ansiedad y pánico”, diferencia.
FACTORES DE RIESGO
La ginecóloga obstetra explica que las causas no están del todo definidas. Sin embargo, sí existe un desequilibrio hormonal importante, además influyen factores genéticos y epigenéticos, problemas psicosociales y estados de estrés intenso. “Las causas genéticas son tan importantes que son responsables de hasta un 40 por ciento del trastorno. Aumenta cuatro veces la posibilidad de presentarse en gemelas idénticas”, asevera Espinoza.
Espinoza especifica que las alteraciones de las tasas hormonales de los estrógenos o de la progesterona condicionan reacciones depresivas en las madres, ello por su acción a nivel de los neurotransmisores cerebrales. Asegura que el cortisol, la melatonina, la oxitocina y las hormonas tiroideas que se modifican durante el parto afectan al comportamiento de la madre. También señala como predictor importante los cambios de la hormona estimulante del cortisol (ACTH) en la semana 25 de gestación.
Espinoza también indica que los estados elevados de estrés posparto, los trastornos del sueño perinatales, la dificultad de la madre para lactar y el incontrolable llanto del recién nacido afectan su bienestar mental.
Sin embargo, es necesario reiterar una vez más que los factores de riesgo abarcan aspectos psíquicos y psicológicos. Baina y Espinoza coinciden en ello y en que es importante trabajar caso por caso. Ambas señalan que la incidencia en madres menores de 25 años, los embarazos no deseados, el ser madre soltera, los conflictos maritales y la violencia intrafamiliar son factores de riesgo que pueden influir bastante.
Desde la perspectiva de la psiquiatría y la psicoterapia, Baina enfatiza que para hablar de enfermedades mentales no sólo se apoyan en un factor, sino en la suma por la cual se desencadenan. Menciona además la importancia de que la mujer tenga un entorno estable y apoyo en el cuidado y crianza (tanto de la pareja como de algún familiar). También resalta el papel de la presión laboral y esa dualidad que existe entre dejar el trabajo de años o cuidar tiempo completo al bebé.
Destaca que es importante indagar cómo era la personalidad previa de la madre, ya que mujeres que ya eran depresivas antes de ello o tenían un trastorno del ánimo importante, pueden empeorar o desencadenar depresión con el parto.
“Hay una pancita que la hacía mamá, la hacía tener ciertos privilegios, cierta atención. Ahora toda esa atención se vuelca hacia el bebé. De la noche a la mañana alguien depende de ti, es un cambio”, añade. Otra circunstancia que influye, de acuerdo a la experta, es la salud del recién nacido. Si nace con alguna alteración, la mamá debe tomar tiempo y hacer un duelo, pues tenía otra ilusión.
Baina añade además que si en el primer embarazo tuvo depresión posparto, es posible que pase por ello en el segundo, sin embargo no es algo determinante.
Sobre el contexto cochabambino, la psiquiatra señala que afecta bastante la migración, pues muchas madres están luchando solas con todos sus hijos. También sucede esto a la inversa, mujeres del exterior que se embarazan y están solas. En estos casos, explica que se trabaja previniendo la depresión posparto, ya sea contactando a la familia o pidiendo a alguien cercano y de confianza que acompañe a la persona.
Destaca que aún persiste en Cochabamba el estigma de que si una se embaraza joven, los padres la envían a otro lugar, la avergüenzan o la esconden. Todo ello influye en su seguridad y en que se sienten inexpertas.
¿DEBERÍA TOMAR UN ANTIDEPRESIVO?
Baina explica que es importante identificar qué factor externo se puede mejorar y trabajar en algunos aspectos modificables. En estas circunstancias el cuadro puede mejorar. Por ejemplo, instar a la familia que colabore y gestionar la inserción laboral. En caso que no exista mejora, el especialista evalúa los pros y contras de la medicación. “Siempre está presente una evaluación exhaustiva de todo lo que se pueda manejar, pero si no funciona nada y la madre necesita el medicamento, hay que recetárselo”, agrega la psiquiatra.
Además de seguir una terapia antidepresiva, Espinoza aconseja realizar una terapia hormonal. De acuerdo al periodo de lactancia, indica que se podrían emplear estrógenos o progesterona.
Ambas especialistas concuerdan en que es importante trabajar con todo un equipo, conversar con el pediatra, ginecólogo y terapeuta. “Si bien en nuestro medio es muy difícil conseguir todo al mismo tiempo, se trata de actuar en el tiempo que se pueda, pedir a familiares que colaboren”, adiciona Baina.
SOBRE CORTAR O NO LA LACTANCIA
Baina asevera que, en caso de ser necesario, este trastorno se trata con medicamentos como la Fluoxetina y la Sertralina. Este aspecto influye en definir si se continúa o no con la lactancia. La experta comenta que esto siempre ha sido un tema de debate, por la importancia que el bebé se alimente con leche materna y el apego que se genera con la madre.
Sin embargo, enfatiza que al no tratar la depresión posparto, la madre no querrá acercarse al bebé y más bien esta situación puede ser contraproducente.
“Lo que más interesa del apego no es la leche materna en sí, sino que lo tenga en brazos, que haya un contacto visual, que sienta a su mamá. Lo importante es el apego desde la perspectiva de la función materna”, indica y aconseja que un ser cercano podría alimentar al bebé y no habría un quiebre importante.
CONSECUENCIAS DE NO TRATAR EL TRASTORNO
Baina asegura que en los casos de mujeres que han pasado por depresión posparto y no han sido diagnosticadas, las repercusiones se sienten años después en el niño y en ella misma.
La madre empieza sentirse insegura, a desesperarse y a no saber qué hacer. Más adelante esto puede asociarse con ideas de lastimarse a sí misma.
“Esta depresión posparto puede asociarse con ansiedad. El niño va a ser ansioso, va a tener problemas para dormir. Irá frecuentemente al pediatra, ya que la mamá no se siente segura”, ejemplifica.
Baina explica que nacemos inmaduros físicamente, pero también psíquicamente, ambos aspectos tienen que ir madurando paralelamente. “Mientras la enfermedad mental aparezca en épocas más tempranas es más grave. Mientras más inmadura es la situación, la enfermedad mental es más complicada”, agrega.
Ejemplifica que cuando se trata de psicopatologías en niños, los diagnósticos son más difíciles, porque ellos no tienen cómo comunicarnos. Por eso, es importante el abordaje en esas edades.
“Las enfermedades mentales existen, uno no debe asustarse. Si uno siente necesidad de ayuda, la debe buscar. La salud también abarca el bienestar mental. El humano es muy vulnerable y cada uno es diferente”, resalta la psiquiatra. Recalca que es importante sensibilizar a la gente sobre las enfermedades mentales, que muchas veces son más incapacitantes que las físicas.
RESILENCIA
La psiquiatra y psicoterapeuta, Mirtha Baina, asegura que la resilencia es un factor protector contra la depresión postparto. Uno nace no con ella, la construye. “Después de que las has pasado muy mal, tienes la capacidad de volver a tu estado normal e incluso mejorado. Vuelves más fuerte. Lo óptimo es que aprendas”, explica.
Apunta que también es importante que la mamá ayude a construir la resilencia del niño, sino uno es vulnerable a enfermedades mentales.
DATOS
Espinoza asegura que la depresión postparto afecta al 9 y 16 por ciento de las mujeres en el mundo luego de dar a luz. Indica además que los cuadros más frecuentes son en países de ingreso económico más bajo.
MANIFESTACIONES CLÍNICAS
Espinoza esquematiza las manifestaciones clínicas de esta forma:
- Mal humor y melancolía
- Falta de interés por las cosas
- Pérdida de peso sin hacer dieta
- Insomnio o hipersomnia
- Cansancio o intranquilidad psicomotriz
- Ser susceptible
- Dificultad en la concentración, pensamientos pesimistas
- Ideación suicida



























