Sayuri Loza: “La política hoy es para ingenuos u oportunistas”
Es políglota, intelectual, artesana, viajera y danzarina, entre otras características que le permiten su hiperactividad y en parte el síndrome de asperger. Es Sayuri Loza, probablemente una de las testigos más directas del fenómeno comunicacional y político Radio Televisión Popular (RTP) - Conciencia de Patria (Condepa). Hace unas semanas rechazó una oferta que muy pocos masistas y no pocos no masistas podrían rechazar y desató la molestia del propio Presidente del Estado Plurinacional. Conversó con OH! acerca de su singular vida y la de sus progenitores: los inolvidables Remedios Loza y Carlos Palenque.
—Sayuri Loza es algo así como testigo y criatura de ese fenómeno comunicacional y político que fue RTP y Condepa. Fue la niña de RTP, ¿no es cierto?
—Yo viví siendo parte de RTP y luego de Condepa. En casa, todos días escuchábamos Metropolitana y veíamos canal 4, era como un monopolio voluntario. Incluso mi padre, en 1990, hizo poner una repetidora en el barrio porque no se veía bien el canal, la hizo poner para mí. Entonces RTP y su historia han sido también mi historia. Yo he sido RTP y he sido Condepa. Recuerdo que, cuando cerraron RTP, fui a la huelga de hambre para acompañar a mi madre. Estaba con mi tía y con mi abuela. Nos sentábamos ahí por miedo a que vayan a destrozar los equipos.
Igualmente, en la fundación de Condepa, en Tiahuanaco, estuve presente. Lo recuerdo como si hubiera sido ayer. Además tenía bien clara la ideología: el hecho de valorizar la cultura nacional, de creer en lo popular como el futuro, de pensar en una Bolivia que no se avergüence de sus raíces, pero que también sea económicamente independiente y sea capaz de producir.
—¿Cómo recuerda el auge y la caída de RTP-Condepa? ¿Qué lecciones sacó de esa experiencia?
—El nacimiento de Condepa se dio en un momento clave de la historia de Bolivia. Nos habíamos recuperado del trauma de las dictaduras, pero también nos habíamos recuperado del trauma de volver a la democracia. Tras el fenómeno trágico de la UDP, habíamos aprendido, un poco, sobre cómo votar, por quién votar y también sobre el hecho de distribuir el poder para evitar monopolios. Era un campo abierto para nuevas tendencias que se llenó con la populista.
Por un lado surgió, en el oriente, la UCS (Unión Cívica Solidaridad), bajo el mando de Max Fernández. Y en occidente surgió una figura paralela, Carlos Palenque, con Condepa.
Este neopopulismo, muy incipiente, gestó tendencia. Luego, surgieron en toda Latinoamérica, con Hugo Chávez, los Kirchner, etc., movimientos populistas de rasgos similares. Condepa fue el paso inicial a lo que luego vimos, para bien o para mal. Me sorprendió la votación que tuvimos. Arrasamos en La Paz y en El Alto y alcanzamos resultados importantes en Potosí y Oruro.
—¿Por qué no logró tener arraigo en el oriente?
—Por un error garrafal que cometieron al no unirse a UCS. Si Condepa y UCS hacían una sola fuerza, le habrían ganado a quien sea. Sin embargo, la UCS optó por unirse pobremente con los partidos grandes y Condepa se contentó con enfrenarse a UCS. Podían haber sido aliados, se vieron como rivales.
Palenque y Fernández tenían la típica personalidad del caudillo. Fue una lucha de egos. Hasta donde sé, hubo reuniones para trabajar juntos, pero llegado el momento de decidir quién iba a ser el candidato a presidente, Fernández estaba seguro que iba a ser él y, a su vez, Palenque consideraba que sería él. Ahí quedaron, en una lucha tonta, sin sentido. Desgraciadamente, ambos murieron en circunstancias trágicas y todo quedó para la anécdota.
—Volviendo a lo personal, recuerdo una figura singular: usted tuvo dos mamás. ¿Cómo recuerda su vida con las dos mamás?
—Más bien diré que tuve una mamá, Cristina, es decir, la hermana de mi mamá. Remedios era más como un papá. Yo pasaba los días junto a mi tía. Ella me alimentaba, me llevaba a la escuela, me peinaba, planchaba mi ropa, cocinaba… Mi mamá Remedios, hasta el día en que murió, no cocinó. Llegaba por la noche, se sentaba a comer y estaba poco con nosotras. Llegaba cansada. Fue el tipo de política que se metió tanto en su papel de ayudar a la gente que no paraba en casa.
Por eso tengo miedo de entrar en la política, porque imagino que estaré como mi mamá, sin vida. Mamá se consagró a su labor de diputada y política, y yo, al igual que mi tía, estaba muy de acuerdo. No voy a juzgarla, al contrario, me siento muy orgullosa porque si ella se hubiera dedicado a ser la mamá de la Sayuri, ahorita no se la recordaría como se la recuerda. Remedios tenía una labor mucho más importante que hacer y mi tía Cristina lo hizo muy bien como mamá.
—¿Puede resumir esas notables características de rebeldía que tuvo ella?
—Al igual que todos los personajes de lo que fue el fenómeno Condepa y RTP, ella se adelantó a su tiempo. Desde muy joven, a pesar de ser una mujer de pollera, de pertenecer al grupo social que menos apertura tenía, decidió ingresar a un medio de comunicación. No se dedicó a oficios como comerciante o empleada del hogar. Y le cayó la crítica todo el tiempo.
La criticaban, primero, por ser chola. Luego, por haberse metido a modelo. Y, claro, no llenaba los estándares de belleza de esa época, no era alta, ni blanca, ni de ojos celestes, etc. Cuando fue diputada, la criticaron porque no era profesional. Siempre la sociedad se estrella. Pasaba como hoy con Evo Morales, a los presidentes del pasado no les hacían tantas bromas como le hacen a Evo. Con mi mamá ocurría lo mismo.
—Tuvo un carácter fuerte.
—Pero ella también fue fuerte por la gran figura de Carlos Palenque. Mi padre para ella era el único crítico aprobado en su vida. Lo que dijese el resto de la gente no le importaba, pero sí lo que le decía el compadre. Y el compadre se dedicó a protegerla, a formarla, a decirle que no era menos que nadie. Palenque era la armadura de Remedios, ella era fiel defensora de su mensaje.
También mi mamá tenía una forma de pensar muy abierta. Pese a que nació en 1949, congeniaba con ideales jóvenes. Siento que fue muy feliz con su rebeldía. Lo hizo y arrasó. El discurso que dio al final de su vida para mí fue el mejor discurso en lo que va de este siglo.
—¿Y cómo fue su relación con Carlos Palenque? ¿Cómo asimiló esa a la vez cercanía y distancia con él?
—Yo amé a mi padre desde que tengo uso de razón. El primer regalo que tuve, a eso de mis dos años, fue un juego de trenes. Sentí que me estaba dando un mensaje: que siguiera mi camino. Siempre se las arreglaba para mandarme pequeños obsequios que tenían que ver con mis aficiones y también preguntaba por mí. Alguna que otra vez me llamaba y me hablaba en diversas reuniones sociales.
El momento en que más cercanos éramos era en Alasitas porque él visitaba la feria y me buscaba. Iba hasta mi puesto y me preguntaba: “¿Cómo están tus notas? Me vas a mandar tu libreta”. Se la mandaba y él era increíblemente exigente. Yo tenía las mejores notas en todo, menos en Educación Física. Él nunca decía “felicidades”, sino “¿qué ha pasado en Educación Física?”. Cuando me visitaba, siempre me preguntaba cosas como qué distancia hay a Oruro, o quién descubrió América y asuntos que incentivaban a que yo investigue. Probablemente por eso estudié Historia.
—O sea, fue una relación cercana.
—Fue una relación muy cercana, nunca me hizo faltar nada y he tenido todo de él. Él nos protegió a mí, a mi madre y a mi familia. No lo juzgo, no me gusta juzgar y mucho menos a mis padres. Ha debido ser difícil para él lidiar con las situaciones que lidió. Uno puede ser muy bueno en la vida pública, pero la vida personal se deteriora cuando le das más importancia a esos asuntos. Lo defino con esa frase de F. S. Fitzgerald: “Muéstrame un héroe y te escribiré una tragedia”. Ése es mi padre, ése es Carlos Palenque.
—Dijo que tiene un cierto grado de asperger. ¿Cómo lo supo? ¿Qué implica esa condición en su vida?
—Cuando ingresé a la escuela, mis profesores advirtieron algo particular en mí. Me enviaron a los especialistas que diagnosticaron un grado leve de asperger. Mi madre, en una decisión sabia, no quiso que me medicaran ni nada de eso, que en esos tiempos era lo usual. Y así, hasta hoy manejo bien mi condición.
La gente con asperger tiene tics, una forma particular de hablar y es muy obsesiva. Lo segundo no se nota muy bien en mí. Pero sí tengo el tic de tocarme mucho la barriga y soy obsesiva. Me he obsesionado con la historia, con la costura. Tengo una memoria muy buena, pero en contraposición no puedo notar fácilmente las expresiones de la gente en su rostro. Eso dificulta mis relaciones.
Algunos aspectos de mi condición me han beneficiado. Ninguna condición con la que nacemos nos hace menos, sino, más bien, nos ayuda a ver el mundo de otra manera. Y cuando uno ve el mundo de otra manera, es capaz de sobresalir.
—También ha tenido problemas físicos. Venció un cáncer, ¿no es cierto?
—A mis 22 años tuve un fuerte dolor estomacal. Los médicos descubrieron un pequeño tumor que se había alojado en el intestino. Me sacaron 13 centímetros de intestino, pero eso causó que ya no pudiese asimilar bien los alimentos. Bajé de peso y además las células cancerígenas estaban reapareciendo.
Me mandaron a hacer quimioterapia. Me hizo bien, pero me había dañado el timo, la glándula que regula el sistema inmunológico. Eso me causó 10 años de problemas como resfriados constantes, verrugas, dermatitis atópica… Fue difícil, hasta hoy debo tomar elistidina para ayudar a mi sistema inmunológico y deberé hacerlo de por vida. Mi mamá hizo mucho para salvarme y me cuidó. Esa circunstancia hizo que nos uniéramos mucho. Ahora estoy cien por cien.
—¿Qué estudios ha realizado?
—Estudié en el colegio San Calixto, donde primero no quisieron recibirme porque era una hija ilegítima, pero mamá luchó con mil argumentos. Tuvieron que aceptarme y me pusieron sus dos apellidos. A nivel universitario soy “Bachelor of Arts” en Historia del Arte y Cultura Asiáticos. Cursé esa carrera en Japón gracias a una beca que obtuve el año 2000. Mamá no quería que me vaya, quería que me forme como líder política, pero para mí la política era algo muy trágico a esas alturas.
Así que me fui contra su voluntad.
Estoy además cursando la carrera de Historia en la Universidad Mayor de San Andrés. Tomo clases de danza tribal fusión y danza árabe. Me fascina la danza árabe, por eso el año pasado estuve en Jordania, Egipto y Turquía, donde se originaron este tipo de danzas. He trabajado en edición de videos. La mayoría de las cosas que he hecho han sido como autodidacta o tras inicios de estudio y mejoras personales. Soy diseñadora, costurera, tejo, bordo, hago sombreros, oficios que me heredaron mis abuelos y mi madre.
—¿Cuántos idiomas habla?
—Hablo inglés, latín, japonés, aymara y español. Estoy tratando de aprender rumano y turco porque me encanta Turquía.
—¿Qué convicciones religiosas tiene?
—Soy budista. Me convertí al budismo a los 17 años y empecé a involucrarme con los estudios asiáticos y la historia de Japón. El budismo me ha enseñado a superar algo que me cuesta por mi condición. Yo me apego mucho a todo. El budismo es la práctica del no apego, de dejar que todo fluya. Por otro lado, es la religión del conocimiento. Y también respeto a todas las creencias de los demás, eso igualmente me ha enseñado el budismo.
—¿Cómo se define políticamente? ¿Cómo ve al país?
—En política me es muy difícil tomar partido. Se están reajustando las tendencias: el socialismo de este siglo es diferente al del anterior, están surgiendo neonacionalismos y hasta neofascismos. Y no me voy a adscribir a ninguna de estas corrientes porque yo pienso como los griegos: todas las formas de gobierno tienen un problema, tarde o temprano caen y luego son sustituidas por otras que traen su propio problema.
Creo que hay un gran problema con el monopolio de la política partidaria en nuestro país. Es una tradición ancestral. Es una visión colonialista, de autoridad, de políticos para hacerse del poder. Hay que buscar nuevas maneras de hacer política porque si concentras el poder en un solo estilo, estás equivocado. Por eso surge el problema de que se le echa la culpa al Gobierno de todos los problemas. A ello se debe sumar un fenómeno anómico tremendo, estamos muy cerca de ser una oclocracia porque no hay autoridad que cambie las cosas. En suma, son las grandes masas las que tienen el poder, y quien suba ahí es cautivo de ese poder.
—Acaba de rechazar una oferta que muy pocos masistas y más de un no masista no rechazarían.
—Si tuviera problemas económicos o ansias de poder, habría dicho que sí porque es un sueldo elevadísimo. ¿Pero qué haría ahí? Estaría tres días reunida, me pelearía porque es posible que lo que ellos digan no esté de acuerdo con mi visión. O sea, no llegaría a nada, estaría ahí por plata, y no quiero hacer eso.
Si voy a llegar a un puesto de poder, tiene que ser para servir. Tiene que ser para que yo haga bien mi trabajo, porque yo hago bien mi trabajo donde sea. El que ahorita se mete a la política o es muy ingenuo o es un oportunista. Yo no soy nada de eso. Por ahora, prefiero hacer política desde otras partes: enseñando, viajando, dando conferencias sobre el país, sobre su realidad, Abro, por ejemplo, cursos gratuitos de aymara. Me encanta enseñar aymara. Quiero que la gente hable aymara porque se le debe mucho a los pueblos indígenas y su histórico sacrificio. Para mí, ésa es una forma mejor de hacer política que ir a sentarme a un curul.
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PERFIL
Sayuri Loza
Edad: 36 años
Padres: Remedios Loza Alvarado y Carlos Palenque Avilés
Legado: Su progenitora pasó a la historia como la primera mujer que ocupó un curul en la Cámara de Diputados por el partido de Carlos Palenque, Conciencia de Patria (Condepa); además de política, fue artesana y presentadora de televisión.


















