La educación, un asunto sanitario y administrativo
La educación en Bolivia es un asunto sanitario, administrativo y de formalidades, al menos en el sistema público. En 26 días, cerca de 3 millones de estudiantes inician el año escolar 2022 en la modalidad que defina su unidad educativa y las instancias administrativas correspondientes, de acuerdo con las circunstancias de la pandemia.
Eso anunciaba el lunes el Ministro de Educación al presentar la Resolución Ministerial 001/2022, que enumera las “normas generales para la gestión educativa”.
Y eso es todo lo que saben los padres de familia acerca de lo que pasará este año con la educación de sus hijos: aprenderán lo que permitan las circunstancias, esencialmente sanitarias.
Las 104 páginas de la mencionada resolución abundan en detalles administrativos y sanitarios. “El presente instrumento técnico pedagógico y normativo tiene por objeto regular los procedimientos de planificación, organización, ejecución, acompañamiento y evaluación de la gestión 2022”, señala el primero de sus casi 130 artículos.
Ninguno de ellos considera que este año escolar es el tercero que vivimos en pandemia y, en consecuencia, los dos anteriores fueron irregulares.
El primero, 2020, fue nulo porque sólo hubo cinco semanas de clases, meses de suspenso y luego la clausura. Y el segundo, 2021, fue tan irregular que ni siquiera existen parámetros fiables para estimar el grado real de aprendizaje de los estudiantes.
En 2020, todos pasaron de curso por decreto. Y en 2021, no existió esa medida, pero el Ministerio complicó tanto las formalidades para reprobar a un estudiante que muy pocos docentes lo hicieron. Sin embargo, la gestión escolar del año pasado estuvo marcada por múltiples deficiencias, desde carencias tecnológicas — humanas y de equipamiento— hasta demoras en la entrega de cartillas pedagógicas, pasando por interrupciones y cambios de modalidad intempestivos.
¿Cuánto habrán aprendido de lo programado esos millones de niños y adolescentes? ¿Qué habilidades cognitivas perdieron en estos dos años? ¿Cómo les afectan esas desventajas para continuar aprendiendo? Son algunas de las preguntas, y hay muchas más, que se hace cualquier padre de familia medianamente informado y responsable.
Las autoridades, no. Para los funcionarios estatales no hay ningún problema en la educación y el año escolar 2022 es uno más, como si los dos anteriores hubieran transcurrido en total normalidad. Una normalidad ya deficiente en tiempos sin pandemia.

















