Viloco y las tragedias aéreas que enlutaron Bolivia

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Publicado el 09/09/2020 a las 10h27
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Este septiembre se recuerdan 51 años de una de las mayores tragedias aeronáuticas bolivianas. La conmoción por el siniestro acaecido cerca de la mina Viloco trascendió las fronteras y hasta dejó abierta la versión de un atentado político. El efecto social fue marcado por la muerte de 74 personas, entre ellas, casi todo el plantel del emblemático club The Strongest. El efecto político aludía a ese día de golpe de Estado y ese tiempo de asesinatos políticos con bombas.

Sucedió el 26 de septiembre de 1969, día en que el general Alfredo Ovando Candia tomó el poder tras una afiebrada disputa militar. Facciones castrenses y civiles de izquierda y derecha pulsearon durante horas por hacerse del Gobierno. Las primeras tenían mayor peso en las fuertes unidades acantonadas en La Paz; las segundas, en la creciente coalición que se armaba en Santa Cruz. Unos y otros apostaban a sumar apoyos, unidad por unidad, cuartel por cuartel. Los emisarios furtivos entre ambas capitales iban y venían intentando comprar lealtades.

Esa tarde, el vuelo del Lloyd Aéreo Boliviano (LAB) partió de Santa Cruz tras un sinfín de inconvenientes que cambiaron el itinerario y también la lista de pasajeros. Tras decolar a principios de la tarde, el avión nunca llegó a destino. En los registros del ingeniero aeronáutico Fernando Ruiz Vera se detallan diversas características técnicas del hecho.

“Se trataba de un Douglas DC-6 del LAB, con matrícula CP-698 —cita Ruíz—. Se estrella con el cerro Choquetanga, en su ruta de Santa Cruz a La Paz. El avión fue encontrado tras tres días de búsqueda cerca de Viloco, localidad del municipio de Cairoma, provincia José Loayza del departamento de La Paz. Se encuentra muy cerca del pueblo de Araca en las inmediaciones de la Cordillera Quimsa Cruz”.

El hecho derivó en un rescate apoyado por 3 mil voluntarios y un sepelio multitudinario. Las notas de prensa de ese día calculan que 15 mil personas acompañaron los restos del equipo atigrado. Se produjeron ediciones especiales en los diarios y también reportajes de equipos de prensa extranjeros que llegaron a Bolivia. El flamante Gobierno decretó duelo nacional.

  • ¿Un atentado?

Las investigaciones del suceso quedaron solapadas por las múltiples sacudidas emocionales que había sufrido en aquellas semanas el país. Pero con el paso de los años recurrentemente resurgió la hipótesis del atentado. Más de un análisis apuntaba al jefe de seguridad del presidente Ovando, el entonces mayor Luis Arce Gómez. Aquel militar, experto en explosivos, estuvo implicado en cuatro atentados fatales con bombas en ese tiempo.

Arce fue interrogado al respecto 30 años después por el escritor Tomás Molina. Y respondió bajo la misma fórmula con que negaba otros atentados y asesinatos en los que estuvo involucrado: su cercanía y aprecio por la víctima. Arce dijo: “Fue un accidente, si yo fui y siempre soy hincha del Strongest”. La hipótesis criminal sospechaba de la intención de frenar a un emisario que viajaba a La Paz a inclinar la balanza del golpe con argumentos difíciles de rechazar. Así, la tragedia de Viloco, con el paso del tiempo, no ha dejado de mostrarse como la que mayor impacto causó en su género en la historia boliviana.

  • Imprudencia fatal

Sin embargo, hubo otros cuatro casos que también sobrecogieron al país. El siguiente gran siniestro aéreo boliviano se produjo el 27 de octubre de 1975. Los registros de Ruiz coinciden con los de otro apasionado por la aeronáutica, el historiador, técnico aéreo militar y piloto comercial Ramiro Molina Alanes: una aeronave Convair CV-440, matrícula TAM-44, de Transporte Aéreo Militar (TAM) con 63 pasajeros y cuatro tripulantes a bordo, chocó contra el cerro Colorado. El accidente se produjo en una región boscosa de Alto Beni, a aproximadamente 170 kilómetros de la ciudad de La Paz. Todos los ocupantes murieron.

La nave había ido a la población de Tomonoco, una especie de balneario tropical militar, a recoger a varias decenas de visitantes de fin de semana. Ruiz subraya: “La capacidad del Convair era de 44 pasajeros en una configuración standard, pero cuando contabilizaron las fatalidades se encontró cuatro tripulantes y 63 pasajeros fallecidos. Ello indica un claro sobrepeso de magnitud, demostrando el error humano de exceso de confianza”.

En una crónica escrita en octubre de 2015, la periodista Fátima Molina detalla los entretelones de aquella imprudente sobrecarga de pasajeros. Molina, quien perdió a su progenitor y su hermano en la tragedia, cita una serie de presiones sobre los tripulantes para que acepten más pasajeros. Ese lunes 27 empezaba una semana de exámenes y en Tomonoco había estudiantes y maestros, pero sólo un avión. “Al parecer, nadie quería quedarse en Tomonoco porque había un solo vuelo semanal hacia La Paz —dice Molina—. La otra opción era tener que retornar por tierra, lo que hace 40 años debió ser un viaje de al menos 20 horas de duración por pésimos caminos”.

  • El mayor de todos

Sólo la tragedia de Viloco había causado más víctimas hasta entonces. Pero un año más tarde otro suceso aeronáutico causó casi tantas muertes como los dos ya citados juntos. Sucedió en Santa Cruz. “Eran las 13:32 del miércoles 13 de octubre de 1976 —describe Molina Alanes—. Nadie pensó jamás que la tranquilidad de un vecindario acostumbrado al paso de los aviones se vería interrumpida por un estruendo similar al de una bomba. Algunos se preparaban para almorzar y otros apenas empezaban su siesta, cuando de pronto un Boeing, de 44 metros de largo, se llevó todo por delante hasta estrellarse en el lado sur del estadio Willy Bendeck, hoy Ramón Tahuichi Aguilera”.

Se trataba de un carguero modelo 707-131, matrícula N730JP, con tres tripulantes estadounidenses. Causó el peor desastre en la historia de la aeronáutica de Bolivia registrado hasta hoy, sobre todo, por la cantidad de víctimas. Según Molina Alanes y Ruiz, la aeronave casi no logró elevarse y, por el contrario, salió a la poblada periferie del aeropuerto. Lugares donde se habían reunido diversos grupos de personas fueron arrasados por la aeronave. Los pedazos del armatroste, las explosiones y el fuego arrasaron especialmente una cancha de fútbol, la piscina del estadio y un surtidor de kerosene en plena venta.

El recuento citado por el historiador aeronáutico señala que hubo 116 muertos y casi 100 heridos. “El 14 de octubre, cerca del mediodía, se celebró una misa de cuerpo presente en la plazuela del Estudiante —relata Molina Alanes—. Caravanas de gente y vehículos se trasladaron con los cajones hasta el Cementerio General, en un recorrido que duró cerca de una hora. El cortejo fúnebre abarcó más de 10 cuadras”.

La aeronave había sido alquilada por el LAB. De acuerdo con el reporte, las conclusiones de la comisión investigadora en Bolivia que remitió su informe a la US National Transportacion Safety Board, “la causa probable del accidente en el despegue del 707-131 fue la falla de la tripulación para alcanzar el suficiente empuje y lograr la aceleración necesaria (el avión perdió energía). Un factor que influyó en esto fue la fatiga de la tripulación”.

La publicación también indica que la nave había llegado a Santa Cruz de la Sierra desde Texas, trajo equipos de perforación petrolera. Estaba de regreso a Miami, sin carga. Durante la escala en Santa Cruz, que duró cinco horas y media, la tripulación se registró en un hotel por dos horas y 45 minutos. Resultó el tiempo total de su descanso, en las 24 horas que habían transcurrido desde que salieron del hotel de Texas hasta el accidente.

  • El más alto

Ocho años y dos meses más tarde, otro avión estadounidense protagonizó la, probablemente, cuarta tragedia aérea más recordada en Bolivia. Nuevamente, la cordillera andina fue marcada por la parca. “El 1 de enero de 1985, el vuelo Eastern (un Boeing 727-200), número 980, tenía la ruta Asunción-La Paz —explica Ruíz—. En su aproximación, la torre autoriza al avión a descender a 18 mil pies para comenzar el procedimiento de aterrizaje. Pero, de acuerdo a las investigaciones, la tripulación realiza ciertos ajustes en su rumbo para evitar el mal clima. Poco después, impactó a 19.600 pies (6.530 metros) en el nevado Illimani, a aproximadamente 26 millas (42 kilómetros) del aeropuerto de El Alto”.

El accidente constituye hasta la fecha en el vuelo controlado que se estrella a mayor altitud en la historia de la aviación comercial del planeta. Por esa razón, también el rescate de algunos restos y la caja negra resultó extremadamente complejo. Helicópteros de diversos países fueron movilizados infructuosamente hacia la zona. Finalmente, el conocido escalador Bernardo Guarachi lideró una arriesgada expedición en una temporada absolutamente adversa para ese tipo de labores. Diez tripulantes y 19 pasajeros, entre ellos la esposa del Embajador de EEUU en Paraguay, fallecieron ese día.

  • El primero

Ramiro Molina subraya también en la lista de las mayores tragedias aéreas de Bolivia a la que protagonizó el avión Junkers JB-52, llamado “Juan del Valle”. Pertenecía al LAB, y aquel 4 de noviembre de 1940 realizaba la ruta Santa Cruz-Corumbá. Llevaba a las principales autoridades del departamento cruceño, tales como el Prefecto, el Alcalde de Santa Cruz, el contralor y el rector de la Universidad estatal. La aeronave con 19 ocupantes se estrelló en medio de la selva y no fue hallada durante casi 14 meses. Fue el primer accidente de la aviación comercial boliviana.

Ruiz cuenta con una minuciosa lista en la que se puede hallar, al menos, otros siete accidentes con alta fatalidad en las últimas seis décadas. Allí destacan el de un Douglas DC-4 del LAB que cayó en 1960 en la ruta Cochabamba-La Paz causando la muerte de sus 59 ocupantes. Y también es notable el accidente de un Hércules c-130 de la Fuerza Aérea Boliviana que se precipitó en Guayaramerín en 1989. Murieron 22 de los 27 viajeros.

En la lista se ha incluido una tragedia que sucedió a más de 2.200 kilómetros al norte del territorio boliviano. Como es sabido, la protagonizó un avión LaMia, una extraña y casi desconocida aerolínea boliviana, el 28 de noviembre de 2016. La tragedia conmocionó al planeta, pues entre los 77 ocupantes que tenía el avión Avro 156, viajaba el Chapecoense, cuadro finalista de la Copa Sudamericana de fútbol. Se estrelló en el cerro Gordo a 60 kilómetros de Medellín, murieron 71 ocupantes, cinco de ellos bolivianos.

El avión viajó con un mínimo de combustible y siguió una caprichosa ruta. Develó algo de las extrañas relaciones entre el poder político de entonces y oscuros empresarios de Venezuela, España y China. Como en el caso de Viloco, quedaron en el misterio las causas de fondo que atrajeron semejante fatalidad a tanta vida joven.

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