Un pintor francés en La Paz
Texto: José Eduardo Pradel Barrientos (*)
La Paz es una ciudad conocida por su importante movimiento cultural que data desde el nacimiento de la república e incluso antes. Por sus calles caminaron importantes pintores, escultores, marmolistas y otros que dejaron una huella de la que hoy mucha gente desconoce su origen. ¿Quiénes fueron estos artistas que se inspiraron en el majestuoso Illimani?
De todos los pintores extranjeros que llegaron a la ciudad de La Paz a mediados del siglo XIX, el más importante fue el artista Federico Lemeteyer. Contratado por el representante diplomático boliviano en Europa Antonio Acosta, el pintor francés arribó a dicha metrópoli a la edad de 31 años en junio de 1845, junto a sus compatriotas: “Pedorino y Lemarson Marbrier, marmolistas; Lemarson Germain, estractor; Nielbarbier, pulidor; Blanchetan, escultor”.
Sobre esta llegada desde el viejo continente la prensa de la época detalló: “las artes van á recibir un nuevo impulso, y nuestro rico mármol, (que tal lo clasifican estos inteligentes artesanos) será pulido con el último gusto y perfección del arte-deseamos sinceramente que estos estrangeros ilustrados correspondan con la perseverancia y esfuerzos á los votos de un pueblo que espera de ellos señalados servicios”, extraído de un periódico de entonces, La Época.
De esta manera, el joven artista, en su calidad de pintor de decoraciones de teatro y maquinista, inició en septiembre del citado año, con los decorados y pinturas de los palcos y plafón del coliseo; aunque a un comienzo pasó dificultades: “sin embargo, nos dispensaremos, hacer una apuntación que creemos oportuna- Hemos oído quejarse al pintor de las decoraciones (que no habla jota de español) de la poca atención que se da á sus exijencias- que se le hace carecer por días enteros de una porción de objetos subalternos pero indispensables, como carbón, leña y brazos ausiliares, todo lo que él no puede proporcionarse por sí mismo, puesto que ni se explica en español, ni mucho menos en aimara”, agrega La Época.
La escritura de obligación custodiada en el Archivo Histórico Municipal José Rosendo Gutiérrez (AHMJRG) establece que Lemeteyer: “(debió) pintar todas las decoraciones de que tuviese necesidad el Coliceo Dragmatico la conservación de él; para cuyo trabajo se le auciliará con los bastidores de madera, pinturas, papel, tela, cola, clabasones, leña y los obreros que se necesitase siendo de su cuenta poner los demás útiles del trabajo. Segunda se le considerara director de la tramoya maquinaria del Teatro lo mismo que los juegos artificiales que ocurriesen siendo de su deber dar todos los planos de la tramoya maquinaria. Tercera que en pago de los servicios indicados el Gobierno le asigna sobre los fondos del mismo Coliseo y por solo el tiempo de esta contrata mil doscientos pesos pagaderos por duodécimas partes”. También trabajó en el manejo de la iluminación de la araña, es decir, el alumbrado.
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Decorado con alegorías a la música y el teatro, el plafón hecho por nuestro biografiado aún se conserva; se encuentra acompañado por medallones donde se hallan retratados los grandes maestros como Shakespeare, Wagner y Cervantes, entre otros.
En marzo de 1848, en un anuncio publicado en el periódico El Grito de la Libertad, se informó la conclusión de su contrato y divulgó los servicios que ofrecía Lemeteyer: “Tiene el honor de avisar á sus amigos y al público en jeneral, que habiendo concluido el contrato que tenía con el gobierno, para decorar el teatro, se halla ahora desocupado para trabajar en las casas particulares; las personas que deseen ocuparlo, pueden ocurrir á su casa donde lo encontrarán pronto á servirles. Vive en la casa del Señor D. Peñaloza, donde pondrán verlo”.
Estas huellas de la historia de los inicios de la república se pueden encontrar en el que hoy es conocido como el Teatro Municipal de La Paz Alberto Saavedra Pérez. Con 175 años es uno de los más antiguos de toda América Latina.
Lamentablemente, un año después el gobierno del Gral. Manuel Isidoro Belzu decidió expulsar sin previo aviso a numerosos extranjeros seguidores de Ballivián, entre ellos, los artistas franceses.
(*) José Pradel es socio correspondiente de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí (SIHP) en La Paz.
























