“And just like that...” redefine la esencia de “Sexo en Nueva York”
El título de “And just like that…” era desconcertante. ¿Por qué Sarah Jessica Parker, Cynthia Nixon y Kristin Davis no retomaban los personajes de Carrie, Miranda y Charlotte con la etiqueta de “Sexo en Nueva York”, una de las marcas televisivas más reconocibles de la historia de la televisión?
La serie de HBO Max amplió el elenco para dar voz a más diversidad, siempre manteniendo esa fantasía de Nueva York de bolsos Birkin; se alargó la duración de los episodios a los 45 minutos, y prefirió dedicar menos tiempo al sexo y más a otra clase de anécdotas o conflictos. El tema principal de la primera temporada, de hecho, fue el proceso de duelo de Carrie tras ver morir a su marido.
En la segunda temporada, “And just like that…” todavía se muestra más cómoda en sus zapatos (Manolo Blahnik o Jimmy Choo, por supuesto) y con una filosofía ya más coral desde un buen comienzo. Sara Ramirez como Che, Sarita Choudhury como Seema y Nicole Ari Parker como Lisa pueden tener un estatus más secundario pero, si la cámara de Michael Patrick King se centra en ellas en un capítulo concreto, la comedia no se resiente.
El personaje de Che se ha desarrollado más allá de la caricatura de persona no binaria tan criticada durante la primera temporada. Su personalidad va más allá de los chistes alrededor de su identidad de género y su sexualidad, y hasta se introduce un comentario metatelevisivo para entonar un mea culpa ante los detractores. Ahora podrá caer bien o mal, pero no se puede recriminar a los guionistas que el personaje no se haya emancipado del cajón en el que se la había metido.
Parker y Choudhury, en cambio, muestran una seguridad apabullante como si hubieran nacido para formar parte de este universo de ficción. Son piezas fundamentales para desarrollar el arte de “And just like that…” a la hora de explorar el estupendismo: Seema con sus cigarrillos y su elitismo indisimulado y Lisa con esa fachada de madre, esposa y profesional ideal pero con esa naturalidad que tanto admira Charlotte.
Los amantes de la versión más fantasiosa de “Sexo en Nueva York” disfrutarán con el episodio en el que Nicole Ari Parker cruza Nueva York durante una tormenta de nieve con el propósito de estar espléndida a un evento en el MoMA.
La única que los guionistas podrían recortar es Karen Pittman como Nya. Su perfil de profesora de universidad se utilizó para dar una pátina más intelectual y socialmente consciente a la primera temporada, donde se performaban unas disculpas por la blanquitud de “Sexo en Nueva York”. Sin embargo, ahora que “And just like that…” entra en una etapa más coherente con su propia esencia, el personaje se queda en tierra de nadie, alejada de la mentalidad de Manhattan.
En esta nueva etapa, de hecho, pueden sorprender episodios estructurados como la “Sexo en Nueva York” que amábamos: la presentación de situaciones sexuales que culminaban en conclusiones o chistes, contribuyendo a la normalización de dudas, problemas o preferencias. También está el espíritu distendido y frívolo con tramas absurdas como el robo de un Birkin o la necesidad de recuperar un vestido que terminó en una tienda de segunda mano.
¿Y cuál es, en realidad, el secreto de “And just like that…”? Una Sarah Jessica Parker que entiende a Carrie Bradshaw, que se mimetiza con ella, que atrapa al espectador para que vea ese mundo desde su mirada, que explora las inseguridades emocionales y sociales desde un matiz muy estudiado, y que tiene una presencia calmante que vende a la perfección la esencia del personaje: por qué, vaya donde vaya, siempre es una presencia interesante, que atrae como un imán, que cautiva con su desinterés por ser el centro de atención.
























