Lula da Silva dice que ha sido víctima de una "mentira jurídica"
Río de Janeiro |
Dos días después de que la Justicia anulara las condenas que pesaban contra él y le permitiera ser candidato, Luis Inácio Lula da Silva dio por inaugurada la campaña electoral de 2022. No confirmó si intentará la Presidencia, pero no hizo falta. Es un secreto a voces y en su primera comparecencia tras la decisión judicial, sus palabras no dejaron lugar a dudas.
"Quiero deciros que quiero dedicar lo que me queda de vida, y espero que sea mucha, a volver a recorrer este país para conversar con el pueblo. No se puede permitir que un ciudadano que causa los males que (Jair) Bolsonaro causa al país continúe gobernando y vendiendo el país. Algo vamos a tener que hacer para que el país vuelva a crecer y este pueblo vuelva a soñar", dijo desde la sede del sindicato de los metalúrgicos de São Bernardo do Campo, el lugar donde forjó su carrera política y donde fue arropado por la multitud antes de entrar en la cárcel y a su regreso.
A sus 75 años, Lula aseguró tener la energía de un joven de 30 y confesó estar ansioso por ser vacunado la semana que viene contra la Covid-19, ocasión que no dejó pasar para arremeter contra el negacionismo del actual Gobierno: "No sigan ninguna decisión del imbécil del presidente de la República o del ministro de Salud, ¡vacúnense!", pidió a los brasileños.
Estos días Brasil vive el peor momento de la pandemia, con casi 2.000 muertos al día, medio país con los hospitales colapsados y escasez de vacunas. Según Lula, Brasil está como está "porque un presidente se inventó una tal cloroquina, que la Covid-19 era una gripecita, una cosa de cobardes. Ése no es el papel de un presidente de la República en el mundo civilizado", criticó, y añadió: "Este país no tiene Gobierno".
Lula tocó todos los palos, y en casi dos horas de oratoria inflamada trató de la crisis económica que vive el país, de la falta de asistencia social a los más pobres, del alto precio de los combustibles o la inflación en los alimentos y no dejó de hacer guiños al electorado más pobre, que siempre le votó en masa.
Lula admitió que hay entre un 15 y 20 por ciento de brasileños que son seguidores extremadamente fieles de Bolsonaro, un sector que llamó "público miliciano", pero cree que se abre una ventana de oportunidad para el regreso de la izquierda al poder. En su opinión, Bolsonaro está probando que sólo con mentiras no se puede gobernar. Por eso, quiere empezar desde ya a dialogar con toda la clase política, empresarios, sindicalistas y la sociedad civil organizada.



























