Consecuencias postreferendo
Y ganó el No. El Presidente de la República había vaticinado, antes de la justa, que tal hecho no iba acontecer, y que el triunfo del Sí iba a oscilar alrededor del 70 por ciento. No fue así, y más bien la respuesta a la derrota en las urnas fue cuando menos sugestiva: “hemos perdido una batalla, no la guerra”, dijo.
Bajo esa lógica, habrá que entender que la política para el partido gobernante ha sido y es una guerra, en la que, por su naturaleza, siempre debe haber un vencedor y un vencido. Más sugestivo, si acaso la visión es colocar las relaciones con la sociedad civil en un plano estrictamente belicoso, lo que nos lleva a pensar que la tónica que se imprime a la administración del Estado y de los bienes públicos, también responde a una mirada belicista, hecho que, de confirmarse, respondería varios de los hechos acaecidos los últimos años. Muy serio en épocas como las actuales, donde los valores que priman en las relaciones del poder político (siempre coyuntural y pasajero como debe ser) con la sociedad, dejaron de ser asimétricos. Los primeros deben a los segundos transparencia, eficiencia, honestidad y no guerras, y menos que éstas se produzcan o sean generadas fruto del mal sabor que dejó la “derrota democrática”.
Ahora bien, varios aspectos por subrayar a la luz de lo acontecido. Primero, no puede considerarse un hecho aislado un acto anómalo que se suscita en el desarrollo de un acto electoral. Si bien el No obtuvo mayor votación, nos queda la duda si acaso la misma no fue mayor, habida cuenta las variadas denuncias de alteración de actas, en lo que parece ser una nueva e imaginativa forma de cometer fraude. No puede ser considerada sino una barbarie que se altere el voto de la gente, por lo que las citadas denuncias que de ninguna manera se contraponen al resultado final en la lógica del Gobierno cuando señala que existiría una contradicción, cuando se habla de fraude y a la vez se festeja el resultado, deben ser esclarecidas.
Segundo, cabe destacar el rol de Katia Uriona. Probablemente tuvo que enfrentar presiones externas muy fuertes y lidiar con “dos fichitas” puestas dentro del tribunal. Un quiebre fundamental para que se proteja el voto fue la declaración que hizo en Sucre anunciando que al 72,5 por ciento de cómputos, el No alcanzó el 56,57 por ciento. Esa declaración supuso reciba una crítica por parte de Costas, quien adujo que ese dato correspondía a información interna. Lo cierto es que ese hecho constituyó el quiebre institucional que dejó mal parados a algunos y posibilitó, con todas las denuncias de por medio, que el TSE recobre parte de su credibilidad y que se haya respetado el voto como la expresión más sublime del ejercicio democrático.
Tercero, quizá una de las razones por las cuales el Gobierno haya adelantado la convocatoria a referéndum fue la particular interpretación que de pronto llevó a cabo del Art. 17 (y 23) de la Ley del Régimen Electoral. Acostumbrados como están a interpretar las normas en función a intereses partidarios, no sería extraño el anuncio años delante, que en el actual periodo puede convocarse a un nuevo referéndum para la reforma parcial de la CPE, porque los límites de tiempo no son aplicables en esta materia y porque el Presidente no hizo uso del derecho de convocatoria.
El debate académico será vital si así sucede, habida cuenta que el único entendimiento que cabría, de ser así, es que puedes reformar aquello que no ha merecido pronunciamiento en las urnas. Por último, prudencia y madurez es lo menos que esperamos de ambas partes.
El autor es abogado.
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