Lecciones del referendo
Más allá de los actores de siempre, más allá de las estrategias convencionales, apareció de manera plural y evanescente la sociedad civil trayendo de nueva cuenta su “sentido común” y “memoria histórica”.
Los factores de la victoria del No y de la derrota del Sí del referendo del 21F son varios. Intentaré circunscribirme en algunos de ellos para destacar lecciones aprendidas. Parto del supuesto de que en todo proceso de carácter intenso y vinculante el campo político tiende a dividirse en dos: amigos versus enemigos. El pluralismo de posiciones (demandas, criterios y enfoques) se agrega en dos campos inconmensurables producto de la toma de decisiones de aquellos que comparten un criterio o bien de los que disputan y están en desacuerdo. La agregación de posiciones de un lado u otro producen eventos políticos previsibles e imprevisibles.
El primer evento fue la decisión gubernamental de embarcarse en un referendo de reforma constitucional para permitir una nueva reelección del Presidente y Vicepresidente del Estado (la tercera). Decisión que modificó adrede la dinámica de estabilización o normativización que transitaba el “proceso de cambio” iniciado hace una década con la asunción de Evo Morales al poder político. Y, por ello, una decisión de “arriba hacia abajo” sin un asidero sustancial que la respalde. Al no encontrar resueno e impacto en la sociedad civil la decisión gubernamental (presidencial) no dio marcha atrás a su primigenia intención. Contra toda previsión y recomendación política confió en el despliegue de una estrategia de marketing electoral en la que además de escenificar la parafernalia de una movilización social sin entusiasmo creo escenarios de riesgos y enemigos políticos. La apuesta fue por reproducir el esquema en el que los “neoliberales de derecha” versus el oficialismo (“súmmum de los movimientos sociales”) serían los contendientes involucrados. La ciudadanía y sociedad civil fueron considerados actores pasivos o simples espectadores que debían emitir sus votos en función a la confrontación electoral.
Por invocación del Gobierno los enemigos (re)aparecieron. Mostraron sus facetas pero no emocionaron en nada. Así, todo parecía que la cosa sería tediosa donde las estructuras de poder iban una vez más a ser los principales actores de sus propios juegos y fiestas. La partida estaba echada y, ciertamente, había que jugar.
Así, la sociedad civil de acuerdo a sus posibilidades y espacios se aburría y, escasamente, se divertía al poner en vilo al guión convencional y actores preestablecidos de la disputa electoral. Su aburrimiento se expresaba en las imágenes y mensajes que circulaban en las redes entre el rumor, la burla y la ironía contra el adelanto del “juego de tronos” y el despilfarro de los recursos públicos. Sólo al final, las fuerzas opositoras lograron introducir un evento de disrupción política (el escándalo del posible tráfico de influencias del Presidente) que removió uno de los nudos gordianos del poder.
Por primera vez, después de una década, se puso en tela de juicio la credibilidad del Presidente que dejó entrever redes de poder vinculadas a la gestión gubernamental. Inmediatamente, a semejanza de un poderoso virus la política se expandió y agitó sin posibilidades de control. La política adquirió su faceta contingente e impredecible.
Más allá de los actores de siempre, más allá de las estrategias convencionales, apareció de manera plural y evanescente la sociedad civil trayendo de nueva cuenta su “sentido común” y “memoria histórica”. Así, definió hacer política para (re)establecer el derrotero del evento electoral y, con ello, de los nuevos límites del campo político. Todo indica que después del 21F y la victoria del No nada será igual en la gestión gubernamental y en el performance del campo político.
El autor es politólogo.
Columnas de Anne-Marie Vasquez Torrez



















