Ilusión peligrosa
Al final de cuentas, si la tendencia actual es hacia una mayor democratización, esto puede considerarse como un fenómeno cíclico, que hace necesario desmitificar la ilusión peligrosa según la que sólo UNO es capaz de salvarnos y garantizar nuestra futura felicidad
Desde la década de los años 80 del siglo anterior y con la “reconquista de la democracia”, los bolivianos hemos vivido momentos tumultuosos, siendo testigos de la emergencia y movilización de la “sociedad civil”, articulada en los denominados movimientos sociales, que han derivado en disturbios en el campo y las ciudades presionando la renuncia anticipada de tres Presidentes de la República, para después vivir tiempos de relativa paz y tranquilidad. Es muy fácil dramatizar sobre los recientes incidentes que han sucedido en el accionar político del país, sin embargo, comparándolos con algunos acontecimientos de la década de los 80, observamos desde la perspectiva actual, que aunque se valoren como algunos de los advenimientos más dramáticos de la historia boliviana, muchas de estas ocurrencias no entrañan singularidades excepcionales, al margen de haber sido amplificados por los medios de prensa, especialmente la televisión.
Escándalos de corrupción, cambios de modelos económicos, estigmatización de la oposición, no es algo nuevo en la política boliviana, sin embargo, la hiperinflación y sus efectos devastadores, han marcado radicalmente el accionar de las personas y de los encargados de administrar las políticas públicas del país, creando un imaginario nacional, de considerar la gestión de la economía como una obra moral, en la que los malos tiempos son un castigo ineludible por los excesos anteriores. De igual manera, y a pesar de los sermones apocalípticos que muchos compartíamos, la ascensión del presidente Morales con su discurso de cambio, si bien tiene precedentes en la “Revolución Nacional”, también ha conducido a resultados evidentes, como una mayor integración y participación de los sectores marginados de la población en los asuntos públicos.
La demanda de una mayor intervención del Estado en la economía, surgió del angustioso fracaso del modelo neoliberal y la “democracia pactada”. El mercado se había mostrado incapaz de asegurar un mayor bienestar para la mayoría de la población y garantizar una masiva participación en la toma de las decisiones de las políticas públicas. Sin embargo, las rutilantes prácticas actuales muestran una visión del poder “ligado con”, o “propiedad de”, que implica una relación de “arriba hacia abajo”. El poder es algo que algunos tienen, y del cual los otros están excluidos. Esta perspectiva del poder de acuerdo con la tradición leninista, asume que el Estado tiene poder, y este poder puede ser tomado por la clase trabajadora, muestra una comprensión del poder como dominación o, subordinación. La ficción de que “el pueblo es quien gobierna” ha sido desinflada con el rechazo a la “repostulación”, desenmascarando la rutina celestial de pretender perpetuarse en el poder.
Al final de cuentas, si la tendencia actual es hacia una mayor democratización, esto puede considerarse como un fenómeno cíclico, que hace necesario desmitificar la ilusión peligrosa, que sólo UNO es capaz de salvarnos y garantizar nuestra futura felicidad.
El autor es docente universitario
Columnas de ALBERTO PONCE FLEIG


















