Confianza indigente
Hoy parece derrumbarse todo aquello que fue por muchos años una práctica común: la designación de los miembros del Órgano Judicial siempre ha sido un asunto político, ya que estos son seleccionados en base a su afiliación política, como una recompensa a los servicios prestados al partido, acomodando un aparato que asiste a la exigencia concreta que obliga a servir al régimen. El sistema parece agotarse en lo que debería ser un medio y no la meta y, mucho menos, el sentido. Aniquila todo aquello que no encuentra su lugar dentro de la fórmula. Por eso es la conciencia de la opinión pública de que algo no funciona con aquello que verdaderamente sí importa.
Todo se ha vuelto cuestionable, todo parece amenazado. Ahora se habla de crisis y uno se pregunta por la razón profunda y se encuentra con la crisis del Estado y, todo se bambolea, peor aún, si uno se ciñe todavía a la compulsión del derecho formal, de las convicciones aceptadas, entonces todo se convierte en un cálculo de las cosas, donde la cuestión se desgarra en la finalidad de los meros intereses por la perpetuación en el poder, realidad que no genera confianza pero tampoco consentimiento.
La percepción del peligro y de la pérdida, se ha vuelto ambigua, donde prima la desorientación, una realidad enmascarada. Pareciera que nuestra existencia se agota en la mera preocupación por lo económico, el consumo compulsivo y estrechez de oportunidades reales para un mayor bienestar. Sin embargo, todos tenemos un límite y este límite está marcado por “situaciones extremas”, cargadas de sufrimiento, de “luchas inacabables” a partir de la culpa insostenible.
Por más acertada y aparentemente irrefutable que sea cada una de las afirmaciones particulares sobre estas cuestiones, en su totalidad ellas presuponen una idea de los mismo, que no es nada más que una ideología en tanto y en cuanto es la expresión encumbrada y sublimada de una singularización social, característica del aburguesamiento del régimen. Sí en el comienzo de su camino el gobierno estaba amenazado por fuerzas externas, ahora en cambio, el sistema generado por ellos mismos amenaza su existencia, todo de nuevo está en juego.
En el presente, nos sentimos arrinconados en nuestras posibles decisiones hacia una posición evasiva resumida en forzar la salida del régimen, sin una defensa honesta y constante de alternativas: estar a favor o de esto o de aquello. Esa carencia de disposición y de toma de posiciones, determinadas de modo positivo por esto y contra aquello, denota una falta de sinceridad y compromiso, que nos reclama volvernos activos en contra de la arbitrariedad. Dentro de la confusión, de ninguna manera se puede mantener la alternativa de sumisión y encubrimiento, ante la totalidad incomprensible de nuestro destino, exceptuando que uno quiera atenerse a la disyuntiva de asegurar la convivencia pacífica por el poder de un único individuo, que en última instancia socava nuestra capacidad de comprensión.
El autor es docente universitario
Columnas de ALBERTO PONCE FLEIG




















