Camino sin retorno
La tensión generada en algunos países por el estilo de Gobierno implementado por los que tomaron el poder, ha conducido a desenlaces de variada índole. En Argentina por ejemplo, la poca institucionalidad que quedaba y el buen criterio de los argentinos –perdido la última década– ha posibilitado la caída del Kirchnerismo y con él, el descubrimiento de redes de corruptela organizados por Néstor, Cristina y sus acólitos, además de empresarios que se dedicaron a hurtar fondos públicos. Millones de dólares que se pretendían esconder en un convento; el asesinato de un Fiscal que investigaba a Cristina mientras ejercía el poder, hasta el descubrimiento de más de 4 millones de dólares en poder de Florencia Kirchner, de 26 años e hija del matrimonio, son simples referencias de lo que fue el régimen de los K.
Los negociados y el desfalco de recursos públicos, además del establecimiento de empresas bajo nombre de terceros, fueron la tónica que marcó en la visión kirchnerista, una manera de conducir el Estado bajo la premisa de pensar que iban a ser perpetuos en el poder (Máximo estaba en la línea de sucesión) por lo que no tuvieron temor en abusar de él al punto de creer que estaban en un camino sin retorno y que ese camino los conduciría irremediablemente a la impunidad.
Fallaron en sus cálculos y hoy, ese Estado que les sirvió para cometer tanta tropelía, les está jugando una mala pasada. El final del camino será la cárcel y el descubrimiento de más cuentas, dineros y bienes con testaferros por delante; la agenda mediática, salta a la vista. Por otro lado, Venezuela que siendo el bastión del chavismo, tiene en los radicales del proyecto Socialismo del Siglo XXI al espejo de la decadencia intelectual, moral y democrática.
No existe marcha atrás en un proceso decadente que ha tocado fondo en el plano institucional, de manejo de la gestión de servicios básicos, alimenticios, de salud y otros tantos que hacen, hoy por hoy, a esa República, un país inviable. Eso lo saben Maduro, Diosdado Cabello y Tibisay Lucena, y saben también que en la medida que endurezcan el régimen, los días del camino sin retorno se alargarán. Ya para el chavismo, por tanto, no existe posibilidad de transacción o de una salida democrática. No entienden y no consta en su libreto esa forma de Gobierno.
Para el chavismo, la línea tiene un solo norte y el partido dominado por la nomenclatura palaciega es el Estado, no otro. Por tanto, saben que ya no hay marcha atrás y son conscientes que las consecuencias que el ostracismo político del que son presa en el continente –salvo Ecuador, Bolivia y Nicaragua-- tarde o temprano pasará la factura final. Será así, porque la inviabilidad del modelo y el hastío de la gente terminará por devorar a los líderes de una fallida revolución, marcada en todo momento por la blasfemia, el engaño y la mentira. Ya no será posible sostener un modelo que está acabando con la salud de los venezolanos y con su subsistencia diaria.
Siendo, por tanto, un camino sin retorno, al mandamás no le queda otro expediente que endurecer el régimen en procura de alargar su permanencia en el poder. Así sucede con todo proceso donde se busca la hegemonía del partido y la primacía del discurso – sofismo puro – como verdad irrefutable. Nunca falla, en un inicio, por lo que nada más irreal que creer que el poder dura para siempre y peor, hacerlo abusando de él, delinquiendo, malversando dinero público y mal utilizando bienes del Estado. El final, siempre llega.
El autor es abogado.
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