San Buenaventura sin azúcar
Hace pocos días, a tiempo de anunciar su decisión de proceder con la ejecución del proyecto hidroeléctrico El Bala, y a tiempo de enumerar las grandes obras hechas por el Gobierno nacional en el departamento de La Paz, el presidente Morales se refirió con mucho orgullo y satisfacción a la ejecución del complejo azucarero de San Buenaventura. Como ya es habitual en sus discursos, lo hizo destacando el hecho de que un proyecto que fue postergado década tras década, fue ejecutado por su Gobierno, dando a entender que así se demostraba su superioridad frente a todos sus antecesores.
Como se sabe, ese ingenio azucarero fue construido en contra de todo lo que aconsejaban los estudios hechos sobre su viabilidad. De nada sirvieron los muchos millones de dólares gastados para analizar la conveniencia de construir un ingenio azucarero en una zona en la que nunca se produjeron grandes volúmenes de caña y la poca que alguna vez se produjo resultó de calidad insuficiente. Pudo más la voluntad presidencial de modo que, contra lo que aconsejaba un elemental sentido de responsabilidad, se instruyó al Banco Central de Bolivia otorgar un crédito de 265 millones de dólares y, por invitación directa, se adjudicó la obra a la empresa china Camce.
Diez meses han transcurrido desde la inauguración del ingenio y todavía ni un grano de azúcar ha sido puesto a la venta. Es que, según palabras del primer mandatario, “tenemos una pequeña debilidad, entre los pequeños productores no hay todavía la cultura de sembrar masivamente caña para garantizar materia prima al ingenio”. Un “pequeño detalle”, sin duda, pero no por pequeño menos costoso. ¿Quién asumirá las consecuencias de tan monumental desacierto?






















