¡Liberen a la madre!
Esta semana hemos presenciado la terrible muerte de una niña. Ella aparentemente pasó por un verdadero martirio, pero como corolario, estamos presenciando y de palco, posiblemente una de las mayores injusticias que se haya cometido en los últimos tiempos contra una mujer, contra una madre, si me permiten.
Me refiero a la madre de la niña, que no vivía con ella sino con el padre y su pareja. Es más, la mujer no estaba en la ciudad y ha sido acusada de infanticidio. Por lo tanto, el día en que estaban enterrando a su hija la han llevado a la cárcel. Se le acusa de ser responsable del supuesto asesinato por omisión, por haber abandonado a sus hijos, aunque como sabemos, la niña que murió no estaba abandonada, vivía con su padre.
El fiscal a cargo ha hecho muy orondo las declaraciones por la televisión. Está, podría decirse, orgulloso de su labor y las personas de raciocinio claro no pueden seguir su lógica.
Es posible que haya algún tipo de responsabilidad en el accionar de la madre, aunque es más posible que, si de verdad estábamos ante un tipo extremadamente violento e irracional, como aparentemente era el padre de sus hijos, ella sea en realidad una víctima más.
Existe la posibilidad de que el daño irremediable y total que sufrió la niña habría sido evitado si se hubieran activado las alertas de maltrato a niños en forma oportuna, aunque como todos sabemos ese es un espacio difícil. Ahora bien, el daño, la injusticia que se está cometiendo contra la madre, es algo que tiene que ser rectificado ya, y que tiene que ser denunciado. El celo desmedido de un fiscal puede llegar a ser delictivo también.
Mientras escribo esta nota acabo de enterarme de que el padre de la niña, acusado de haberla flagelado, está en estado de coma, producto de una golpiza propinada por criminales reclusos en el penal donde fue trasladado. ¿Y si le pasa algo parecido a la madre? Aclaremos: en ambos casos, más allá del asco y rechazo que se pueda sentir por el supuesto desalmado padre, el Estado boliviano no puede permitir que se dé una acción de esa naturaleza.
Por lo demás, tengo serios cuestionamientos al trabajo de los fiscales en Bolivia, ágiles para llevar a ciudadanos a prisión y tremendamente obtusos cuando no corruptos, a la hora de hacer sus diligencias.
No quiero enumerar aquí la cantidad de casos públicamente conocidos que reflejan un accionar de la Fiscalía que debería llevarnos a los bolivianos de la calle al espanto. Basta recordar el caso de la señora Castedo de Aasana de hace un par de días, que sabiamente huyó al Brasil cuando fue acusada penalmente por un Fiscal irracional. Los bolivianos tenemos que tener miedo de la justicia, y de eso es responsable el Gobierno. El pasado no era perfecto ni mucho menos, pero 10 años y decisiones políticas equivocadas nos han llevado a este estado de cosas.
En el caso que nos ocupa, no se puede vislumbrar un interés político o económico para hacer daño a la pobre madre encarcelada, y eso me estremece aún más, porque de ser así, siquiera habría un motivo, perverso, inadmisible, pero entendible, en cambio, aquí vemos una combinación de estulticia y mezquindad que es simplemente aterradora.
Tengo la esperanza de que cuando esta columna esté impresa ya sea extemporánea y la mujer haya sido liberada. Si no es así, estimado lector, siéntase culpable, porque Ud. no está haciendo algo para que no se cometa esta terrible injusticia. Estamos además ante un emblemático caso de maltrato a una mujer por parte del Estado. Éste es el momento en que Evo, los ministros, los senadores, los diputados, todos deberían manifestarse.
¡Liberen a la mamá de Abigaíl ya!
El autor es operador de turismo
Columnas de AGUSTÍN ECHALAR ASCARRUNZ





















