Pecado de la carne
En unos cuantos años más, el avance de la biología va a permitir hacer cultivos de células que produzcan carne. Entonces será como comer vegetales, porque estas carnes cultivadas se compondrán de células animales, pero no luego de matar a un animal. Será como consumir leche y sus derivados: productos animales, pero no los animales en sí mismos.
La otra opción, técnicamente ya probada, es la fabricación de imitación de carne de pollo en base a soya. Es una opción más barata.
Las religiones de pacotilla que tienen ustedes, amables lectores, no aclaran porqué es pecado comer carne. Es que matar a un animal es una falta, una peca o mancha, de ahí el término pecado. Se lo mata al animal porque, por favor, no se lo debe comer crudo. Hay recetas salvajes para eso, o para meter los crustáceos en agua hirviendo según receta europea, o cocinar pescados vivos según recetas chinas. Salvajadas; cosas de caníbales.
En Internet pueden leer un ensayo que escribí, titulado “La carne prohibida” , en el que explico por qué estas cosas son pecados, incluso consumiendo pescados. Pero pecados o no, es necesario consumir proteínas, y las animales son las más a mano. Se peca, pero se tiene reparos. Y quien no tiene reparos peca mucho más. Lean el ensayo.
El hecho es que los sabios prehistóricos establecieron que un pecado de la humanidad antigua fue justamente comer animales, mal inevitable porque fue sustento de la evolución humana. Eso está en las santas escrituras, pero depurado de las versiones que se manejan habitualmente. Lo dijo Jesús: los sacerdotes y los escribas, o los teólogos usando una traducción al griego, han ocultado las llaves del conocimiento. ¿Esto dónde está? En el evangelio de Tomás, que fue prohibido y destruido, pero que se ha conservado milagrosamente en un ejemplar completo en el desierto egipcio.
Los sabios prehistóricos no hablaron de la conservación de la naturaleza, porque la humanidad cazadora sólo se entendía en cazar animales, sin talar ni destruir los bosques. Al pecado de matar animales con crueldad, que actualmente entendemos como tal, se agrega en la comprensión contemporánea el maltrato a la naturaleza, la destrucción de los bosques y cosas así.
En esto debemos entender un principio de Confucio: que la humanidad sólo madurará cuando llegue a entender cuál es el significado de la vida humana y la obligación que se tiene de preservar la naturaleza. Este principio, junto con el deber de considerar al prójimo, conforman los dos grandes pilares de la sabiduría confuciana. Es tiempo de civilizarnos y de entenderlo así. Cuando nuestra agricultura y nuestra crianza de animales se tecnifiquen y limiten su avasallamiento de la tierra, y mejor aún cuando se cultive carne como quien cultiva hongos, o se la haga de soya, entonces quizá recién la humanidad pueda civilizarse, porque actualmente es por demás deficiente.
Columnas de BERNARDO ELLEFSEN





















