China y energía limpia…
China se está volviendo líder mundial de energía solar a golpes de proyectos multibillonarios y exportando la tecnología a los países en desarrollo. Varias empresas europeas, que iniciaron este sector, quebraron dejando el mercado a las empresas norteamericanas. Ahora es el turno de las empresas chinas que llegan con una competitividad inalcanzable.
Los acuerdos de París COP21 sobre el cambio climático global han reforzado el interés mundial por las energías limpias y han enfocado la opinión pública internacional sobre los dos mayores productores mundiales de contaminación atmosférica: China y Estados Unidos, en este orden. China sobrepasó a los Estados Unidos hace una década como el mayor productor mundial de los gases de efecto invernadero sobre todo por tener una población muy grande. Sin embargo China continúa fiel al compromiso de París y está cambiando su política energética hacia las energías renovables.
Actualmente, China construye en el Himalaya un centro de producción de energía solar más grande (27 km2) del planeta con una capacidad de producción instalada de 850MW, o sea, 63 por ciento de la producción total de electricidad de Bolivia. Con esto la capacidad china de producción de energía fotovoltaica (PV) se ha duplicado llegando a más de 77GW al final de 2016 con los planes de instalar todavía 110GW hasta 2020. La energía solar representó el año pasado 1 por ciento de la producción total china de energía, mientras la producción total de energías limpias representa actualmente 11 por ciento. La meta es lograr el 50 por ciento en los próximos 50 años.
Con la llegada del Donald Trump a la Casa Blanca los Estados Unidos han tomado el camino contrario. El nuevo presidente norteamericano defiende el uso de las fuentes contaminantes de energía en nombre de los intereses a corto plazo de la industria americana, autoriza nuevos oleoductos, promete favorecer minería de carbono y deshace las regulaciones sobre la reducción de las emisiones de dióxido de carbono dispuestos por la administración anterior. Trump ha identificado a China como un rival para los EEUU y declaró que el cambio climático era una ‘farsa china’. Pero una investigación de la universidad de Stanford recomienda a EEUU y China trabajar conjuntamente en desarrollo de la energía solar, enfocando en la reducción de los costos e inversión americana en China.
El principal argumento contra las energías limpias --los precios excesivamente altos-- está perdiendo peso. La tendencia mundial cambió en favor de ellas, así como la percepción sobre la relación entre energía y desarrollo. Los precios de las energías limpias se están volviendo compatibles con los combustibles fósiles y la dicotomía entre el desarrollo y energía ecológicamente limpia ya no es tan dramática.
Para China resulta no sólo rentable invertir en la energía solar, pero también posicionarse como un líder en producción e instalación de los equipos para los países en desarrollo. La opción china del desarrollo está actualmente enfocada hacia las industrias del futuro incluyendo energías limpias. Los mercados en Brasil, Egipto, Indonesia, Pakistán y Vietnam ya se encuentran dominados por China. La dependencia es mutua. La decisión del Gobierno de India de duplicar las importaciones se ha vuelto un salvavidas para la industria solar china, afectada por los precios bajos del mercado internacional.
Los dirigentes chinos están conscientes de que un cambio brusco de regulaciones energéticas conjugado con la última desaceleración general del crecimiento podría ser perjudicial para la economía. Pero las políticas de promover las energías de bajo carbono, de cumplimiento de los compromisos internacionales, así como el fortalecimiento del liderazgo en los países en desarrollo, continuarán.
Contener el cambio climático pasa por cambiar el actual modelo de desarrollo basado en combustibles fósiles. Una colaboración entre China y EEUU, basada en el principio de que las energías limpias pueden ser también económicamente rentables, podría ser decisiva en este sentido.
El autor es comunicador social.
Columnas de STANISLAW CZAPLICKI




















