“Quod scripsi, scripsi”
“Lo que está escrito, está escrito”, esa fue la respuesta del gran burlador Poncio Pilatos a los quejumbrosos judíos que le pedían aclarar que el letrero que pendía del cuello de Jesús “INRI”, que ellos no le habían elegido como rey sino que él lo había dicho. Los romanos sin duda son los progenitores de las leyes, éstas pueden ser duras pero son las leyes, y suprimen el interés de un simple sujeto.
Quien no sabe escribir puede que aprenda a interpretar los símbolos. “Lo que está escrito es sólo caligrafía, es buena o mala letra”. En el Estado Plurinacional boliviano, de las 36 naciones que lo componen 35 son ágrafas, jamás llegaron a concebir un sistema de escritura.
Pizarro le entregó una biblia a Atahuallpa y éste la tiró al suelo, tal vez le pareció un objeto feo, sin importancia. La memoria humana es frágil y se difumina, la escritura se convirtió en la médula de la civilización, sin ella no existe, los grupos humanos tan sólo aspiran a ser culturas locales que duran mientras sus componentes viven.
El incremento de la población humana fue creando organizaciones cada vez más complejas y sistematizadas; las bandas se transformaron en tribus, éstas en reinados, en imperios, hasta llegar a los actuales Estados. Los estados crean normas que regulan el funcionamiento social y el poder político. Esta evolución en su cúspide enarbola como mejor sistema de gobierno la democracia regulada por constituciones a las que una sociedad acata, respeta y cumple. Algunas constituciones fueron redactadas en un periodo relativamente corto por personajes notables, como la constitución americana, otras acumularon leyes fundamentales en un largo proceso acumulativo y sistemático como la británica. (Estos Estados tienen una familiaridad con la constitución desde hace tres siglos, y con la escritura más de dos milenios). Bolivia pendula entre tribu y Estado; “el gran hombre” (antes militar, ahora civil) se impone en el mando; desde 1825 se hicieron varios intentos, la constitución más longeva superó los 20 años; la actual fue redactada por un grupo variopinto de iletrados y analfabetas que tuvieron que acudir a asesores y lo hicieron en condiciones precarias en vivacs y campamentos; es respetada por la población que tiene familiaridad con los textos escritos y lee y escribe hace generaciones, el resto la mira como un objeto extraño con mensajes que no les agrada y quieren cambiarlos, ajustarlos a sus ansias; en tiempos no muy lejanos, estrujaban o rompían cartas leídas por terceros, con malas noticias como si los hechos pudieran ser cambiados con ese acto. Muchos de los personajes que participaron en la asamblea constituyente ven su autoría como borrador, una prueba de imprenta llena de fe de erratas, quisieran borrar la cruz que pusieron por firma; pero lo que está escrito está escrito. Las leyes, los códigos y la constitución, para pervivir se escriben; despejan el limbo abstracto y retrógrado a nebulosos personajes. Los romanos aclararon, y para que todos entiendan el letrero de marras iba en latín, hebreo y arameo. Quedó registrado.
Uno de los objetivos del actual Gobierno era la reducción del analfabetismo, como efecto secundario debería producirse un mayor respeto al texto escrito, como el de la Constitución Política del Estado.
El autor es administrador de empresas
Columnas de GUSTAVO L. QUIROGA MERCADO



















