Derrotados por el Rey de la Ciudad
¡Ay de usted si es peatón! ¡Ay de usted si ama los espacios verdes! ¡Ay de usted si busca respirar aire puro! Entonces, se equivocó completamente si nació o decidió residir en Cochabamba.
Y ¡ay de usted si tiene que circular a pie por los alrededores del Cine Center! Es que, a guisa de la construcción de un paso a nivel que facilite (aún más) el tráfico vehicular, las áreas peatonales y los espacios verdes del entorno se están reduciendo (aún menos) a ojos vistas, sin que autoridad alguna se preocupe de cómo vamos a hacer los peatones para circular por aceras estrechas, con losetas que se desprenden al paso, con semáforos que no dan tiempo al asustado ciudadano a cruzar de un extremo a otro de las avenidas o rotondas. ¡Ah!, si usted pertenece a la “tercera edad” o sufre alguna discapacidad física, ¡ni lo intente!
Es que, desde las épocas del malhadado “Alcalde Topadora”, se ha coronado con toda la pompa y circunstancias al vehículo a motor como el rey de la ciudad, otorgándole todos los poderes y libertades para adueñarse de cuanto espacio le convenga, sin más limitaciones que unos semáforos que son rara vez respetados y unos “varitas” que nada pueden (o, tal vez ¿no quieren?) hacer algo para limitarles su dictadura sobre los rendidos habitantes de Cochabamba.
Pero, lo que resulta inentendible para el sentido común es que, siendo los vehículos a motor los causantes de más del 90% de la polución que como maligno hongo cubre este valle y nos ubica en el dudoso podio de las ciudades más contaminadas del Continente, todos, autoridades, formadores de opinión y ciudadanos, nos sintamos complacidos de darles más y más facilidades para seguir ahogándonos, aplaudiendo cuando se anuncia la construcción de un nuevo paso a nivel, la apertura de una nueva vía para vehículos, la realización de ferias con rebajas en la oferta de motorizados, etc. Para peor, cuando para permitirles circular se sacrifican espacios verdes, derribando árboles, ahogando rotondas, pavimentando jardineras y cementando aceras, a nadie se le mueve un pelo.
Apreciando el estropicio que están llevando a cabo los obreros en las cercanías al puente de la Recoleta, podemos imaginarnos el siguiente diálogo de dos “técnicos de vialidad” de nuestra Alcaldía:
— “¡Mirá qué suerte hermano, tenemos esta jardinera y esta rotonda para hacerlas volar!”.
— “Cierto, ¡qué suerte! Hacemos desaparecer la jardinera y parte de la rotonda, las pavimentamos y por ahí pueden pasar los autos. ¡Qué vaina que en la rotonda esté el monumento de ese Avaroa, sino todita la hacíamos desaparecer!”.
Por todo lo vivido estos últimos años, debemos reconocer que aquellos que creemos que los seres humanos, en nuestra calidad de transeúntes y sujetos con derecho a respirar el mejor aire posible y gozar de espacios verdes para esparcimiento y renovación de ese aire, hemos sido derrotados completamente por su majestad el Vehículo a Motor —con mayúsculas, para agradar a sus rendidos súbditos—. Así que, con desaliento, no nos queda más que repetir, en sus dos acepciones, lo que el galo Breno exclamó al conquistar Roma en el 390 a.c. y que tan acertadamente ilustra esta derrota: ¡Vae Victis! — ¡Ay de los Vencidos!; ¡Dolor al Vencido! —.
El autor es atribulado peatón cochabambino
Columnas de RAÚL RIVERO ADRIÁZOLA


















