Una elección inédita
Por primera vez, desde el inicio de la paulatina transformación del sistema político mexicano, se llevarán a cabo una elecciones presidenciales con nada menos que cinco candidatos. Lejos quedaron los tiempos de hegemonía del viejo Partido Revolucionario Institucional (PRI), heredero directo del drástico cambio operado por la “revolución mexicana”. También los tiempos de la disputa por el poder entre sólo dos formaciones: el PRI y el PAN. Este último alcanzó la presidencia en dos oportunidades: con Vicente Fox en el 2000 y con Felipe Calderón en el 2006.
El PRI empezó a resquebrajarse en 1988 con el surgimiento del Partido de la Revolución Democrática (PRD). En este momento, se debate en un ambiente de fuerte desprestigio y baja aceptación del Gobierno presidido por Peña Nieto y que su candidato a la presidencia, José Antonio Meade, con una peculiar alianza con el Partido Verde Ecologista (PVEM) y el Partido Nueva Alianza (PANA), trata infructuosamente de revertir.
Con miras al acto electoral, programado para el 1 de julio próximo, los analistas enfocan sus conjeturas en tres candidatos: Manuel López Obrador, fundador del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y candidato por tercera vez, Ricardo Anaya del derechista PAN y José Antonio Meade del PRI. Hasta el inicio de la campaña electoral, el pasado fin de semana, López Obrador contaba, según el “promedio de encuestas” preparado por el diario El País de Madrid, con el 41% de la intención de voto, seguido por Anaya con el 28% y Meade con el 22%. Por otro lado, de acuerdo con el resultado del “modelo electoral” del mismo medio, el líder de Morena tiene “un 79% de opciones de ganar la presidencia”. Este modelo se basa en la agregación y promedio de encuestas, incorporación de la “incertidumbre esperada” y la simulación de 20.000 elecciones presidenciales para calcular probabilidades.
Para algunos analistas, como Héctor E. Schamis, el proceso electoral mexicano muestra una tendencia hacia un “sistema de tres tercios con tendencia natural al empate”. Esto supone la probabilidad de una “democracia inestable” y con riesgo de “baja legitimidad”. Semejante fenómeno es, en parte, consecuencia del sistema electoral mexicano a una sola vuelta en condiciones de creciente fragmentación de las fuerzas políticas. “En un presidencialismo de coalición –puntualiza Héctor E. Schamis– la doble vuelta es esencial”, pues permite fortalecer este modelo “intrínsecamente frágil”.
El autor es docente universitario.
Columnas de ALBERTO ZELADA CASTEDO






















