Homo ludens
Estudiar el comportamiento de los animales y compararlo con el humano nos permite comprender mejor nuestro lugar en el mundo. Algunas actitudes que creemos humanas y culturales son, en el fondo, animales, mientras que algunas cosas que consideramos muy barbáricas y animales pueden sorprendernos al resultar características únicas de nuestra especie.
Un ejemplo de esto lo encontramos en el trabajo cooperativo. No es una sorpresa decir que la cooperación en la búsqueda o cacería para obtener una presa o alimento para todo el grupo es algo que compartimos con muchas otras especies de mamíferos, sobre todo con los carnívoros.
Otro ejemplo de comportamiento común es el juego. La mayor parte de los mamíferos aprenden a enfrentarse a su entorno a través de juegos, tanto de peleas como de roles sociales. Es más, los grandes simios, nuestros primos más cercanos en términos evolutivos, muestran incluso comportamientos relacionados con los roles de género comunes con nosotros: las niñas primate sienten más interés que los machos en jugar con bebés y aprenden más cosas con sus madres que con sus padres, mientras que a los niños primate les gusta jugar más a las peleas, aprender de sus padres y pasan más tiempo paseando solos que sus compañeras, que prefieren estar en grupo y con adultos.
Ahora bien, hay un comportamiento que no se encuentra en los otros animales: se trata del juego cooperativo para obtener un fin común lúdico. La mayor parte de los mamíferos juegan juntos, pero no en equipo.
Hay gente que en estos días ve los partidos del mundial y piensa en que es el opio del pueblo o que se trata de algo barbárico, tribal e incluso animal; pero en el fondo lo que vemos es simplemente algo humano, quizás una muestra de lo más humano: organizarse en roles distintos para llegar a obtener un logro lúdico colaborativo.
Quizá sea por eso que tantos millones de personas seguimos en estos días, con admiración, placer y angustia los partidos del torneo más importante del mundo, sintiéndonos identificados con jugadores que desconocemos, apoyando a países que no podemos siquiera localizar en el mapa, por el único fin de ser parte de un juego común. Celebremos, pues, nuestra humanidad viendo este mundial.
La autora es escritora.
Columnas de CECILIA DE MARCHI MOYANO

















