Renovación generacional y democrática
Las etapas históricas están marcadas por las generaciones, como bien enseñó José Ortega y Gasset. Actualmente, Bolivia se encuentra en un punto de inflexión generacional que implica el fin de todo un ciclo histórico y el inicio de otro nuevo.
De acuerdo a estadísticas de la Universidad Católica Boliviana, de los 6,4 millones de bolivianos habilitados para votar este año, aproximadamente la mitad son jóvenes: más de dos millones de millennials (de 22 a 29 años) más un segmento importante de los centennials (14 a 21 años) que ya serán mayores de edad antes de los comicios.
Los sondeos también indican que apenas un 20 por ciento de estos jóvenes votaría por Evo Morales.
Esto tiene una razón clara: Morales es el último representante de una generación anterior de la política, forjada en los años 90 del siglo pasado y con una agenda fijada en aquellos tiempos.
Es el último eslabón en una cadena en descomposición del sistema democrático boliviano. No la tienen mejor la mayoría de sus contendores, exmandatarios que representan etapas anteriores de ese mismo ciclo.
No pueden ser éstas las únicas alternativas de Bolivia: el empantanamiento en un presente cada vez más degradado y el imposible retorno al pasado.
Para remozar la democracia boliviana y lanzarla a los grandes desafíos del cambio tecnológico y social, hace falta una renovación profunda de la política, con actores nuevos que comprendan las tendencias más recientes de la economía creativa o naranja, de las startups juveniles, la transformación digital y el emprendimiento ambientalmente responsable.
Por suerte, no son los únicos competidores y ese proyecto de futuro está en marcha, impulsado por otros. Esperemos que pronto el debate nacional pase de enfocarse en lo superficial o circunstancial para abordar este tema de fondo, decisivo para el rumbo que Bolivia tomará en los próximos años.
Senador por los Demócratas
Columnas de CARLOS PABLO KLINSKY


















