Medio siglo de un “gran paso”
Hoy, 20 de julio, se conmemora el 50 aniversario de la llegada del hombre a la Luna. Fue una de esas fechas que queda definitivamente grabada en la memoria de quienes, de un extremo a otro del planeta, tuvieron la oportunidad de seguir las noticias que minuto a minuto daban cuenta del desarrollo de la misión Apolo 11.
Como recuerdan quienes en 1969 ya eran conscientes de lo que ese acontecimiento significaba, el impacto que tuvo en la conciencia colectiva marcó uno de los hitos históricos más importantes del siglo XX. Y no sólo por la obvia trascendencia del hecho en sí mismo, sino también porque fue la primera vez que un mismo hecho llegaba “en vivo y en directo”, como se decía entonces, a millones de hogares a través de la televisión o por lo menos mediante la radio en los países más rezagados en la asimilación de nuevas tecnologías, como el nuestro.
“Un pequeño paso para [un] hombre, un gran paso para la humanidad” fueron las palabras que atravesaron el espacio para llegar a cientos de millones de hogares en todo el planeta. Las pronunció el astronauta estadounidense Neil Armstrong cuando pisó la Luna. Y no exageraba, pues ese paso marcó un antes y un después en la historia de la relación del ser humano con el espacio exterior.
El hecho también tuvo un enorme valor geopolítico pues se produjo en el auge de una desenfrenada competencia entre EEUU y la Unión Soviética. La Luna era la meta de una carrera que confrontaba el orgullo nacional de las dos superpotencia de la época, y dos sistemas: el capitalismo y el comunismo, dos maneras de ver y entender a la sociedad humana y sus proyecciones hacia el porvenir.
50 años después, las secuelas de lo que ocurrió el 20 de julio de 1969 no se han despejado. La Unión Soviética perdió la carrera hacia la Luna, pero no por eso dejó de hacer del espacio sideral uno de sus principales escenarios de acción. Y aunque la URSS dejó de existir, Rusia se mantiene en la primera línea del avance del ser humano hacia el cosmos. Sólo que ahora hay otros países que se han sumado a la competencia por sentar presencia más allá de los límites de nuestro planeta.
El capítulo de la historia cuyo desenlace se produjo hace 50 años tiene actualmente sus equivalentes, aunque los protagonistas son otros. China se ha adelantado en muchos aspectos y es hoy el país que más firmemente ha puesto los pies en la cara oculta de la Luna. Para ello no ha necesitado enviar seres humanos sino robots dotados de inteligencia artificial, lo que abre un nuevo umbral, tan importante como en su momento lo fue la escotilla por la que descendió Neil Armstrong a la superficie lunar medio siglo atrás.




















