Réquiem por un q’ewiñal
Se ha informado que en los recientes incendios que afectaron al Parque Nacional Tunari se ha perdido más de un centenar de hectáreas de q’ewiñas, junto con pajonales y, en menor medida, plantaciones de especies introducidas de pinos y eucaliptos.
La q´ewiña, arbusto del género Polylepis, es propia de los Andes Tropicales y ha existido en nue stros valles probablemente por milenios. Desde los primeros documentos de los colonizadores españoles de mediados del siglo XVI encontramos referencias a bosques de esta especie. Se mencionan q’ewiñales y tjakjopampas como referencias geográficas en la compra-venta de tierras de los caciques indígenas.
Recordamos también la célebre Batalla del Q’ewiñal, librada por Esteban Arze contra Goyeneche en proximidades de Pocona (1812), y hasta la fecha muchos lugares mantienen este nombre por la presencia de este género botánico que, sin embargo, ha sufrido una considerable disminución en los últimos siglos.
El Parque Nacional Tunari presenta principalmente dos especies de q’ewiñas, la Polylepsis Ianata y la Polylepsis subtusalbida, siendo esta última la que fue afectada en la ladera sur del Parque. Como señala el biólogo Romeo Rojas, en su estudio sobre la Distribución geográfica potencial de Kewiña… (2016), ésta ya presentaba un elevado riesgo de extinción debido a la alta fragmentación de su presencia, quedando en estado relictual (residual) en esta zona protegida.
Al ser casi el único recurso maderable en las alturas, ha sido utilizado por los lugareños por largo tiempo como combustible, sufriendo así los efectos producidos por la actividad humana. Como señalaron los estudios del Promic (Programa de Manejo Integral de Cuencas) (2003) las comunidades rurales asentadas en la Cordillera hacen un mal uso del suelo y del agua en sus actividades agropecuarias, con sobrepastoreo, uso irracional de los bosques nativos e incendios que generan “problemas de erosión, empobrecimiento del suelo, riesgos de inundación, pérdida de cobertura vegetal además de la pérdida de fauna, lo que repercute también en daños ambientales, económicos y sociales para los mismos pobladores”.
La práctica de la quema de los pastizales para la siembra es ancestral y ha sido cuestionada también, desde siempre, por lo difícil de su control. En su obra Viaje a la América Meridional (1826-1833) el sabio naturalista francés Alcides D’Orbigny anotó que ni bien descendió, un 23 de septiembre, desde los Andes Orientales a nuestro valle notó un “árbol cuya corteza parece papel” (la q’ewiña). Un profundo pesar expresa al indicar que durante su descenso vio a los habitantes del lugar “prendiendo fuego en muchos lugares de las colinas; esos torbellinos de llamas y humo se elevaban al aire y me ofrecían también aquí un espectáculo imponente a causa de la mala costumbre que tienen los americanos de quemar todos los años el campo, con el objeto de renovar la hierba. El viento del sur que sopló por la tarde reanimó el incendio”.
Los q’ewiñales se constituyen en ecosistemas con altos niveles de endemismo al albergar fauna única, particularmente ornitológica, algunas de cuyas especies están en peligro de extinción, haciendo imperativo que se implementen programas de protección y conservación.
El biólogo José Antonio Balderrama en su trabajo Diversidad, endemismo y conservación de la ornitofauna del Parque Nacional Tunari (2006), señala que los bosques de Polylepis albergan el 78% de todas las especies de aves amenazadas registradas en el Parque Nacional Tunari y el 32% de las especies de aves amenazadas registradas en Cochabamba.
Para que no tengamos que entonar réquiem por más de nuestros bosques nativos se debe tomar acciones, entre las cuales Balderrama señala “la implementación de programas de educación ambiental a las comunidades presentes en el Parque y a los visitantes”.
No es permisible que se amenace de esta manera la biodiversidad de un área protegida, se propicie la degradación de la Cordillera mediante la erosión y se afecten las cuencas hidrográficas del Parque que es la principal zona de recarga acuífera para el Valle de Cochabamba.
El autor es investigador histórico
Columnas de GÜNTHER REVOLLO SORIA
















