La ermita de San Sebastián
El 20 de enero es el día del patrono de Cochabamba, San Sebastián, cuya festividad, durante el último siglo, se ha reducido significativamente en tamaño y devoción. No se tiene registro exacto con respecto a la fecha en la cual se eligió a este mártir romano como protector de nuestra ciudad, pero el célebre gobernador Francisco de Viedma, en su obra Descripción geográfica y estadística de la provincia de Santa Cruz de la Sierra, escrita a fines del siglo XVIII, anotaba: “Por la epidemia que padeció esta ciudad, de una cruel peste, juró por patrón al glorioso San Sebastián, por cuyo motivo se le hace una función muy lucida, y hay festejos públicos de toros en la plaza extramuros, que se halla al pie del cerrito, denominado San Sebastián, donde es innumerable el concurso que asiste, y hay feria de frutas, dulces secos, helados, etc”.
En el expediente judicial de la última voluntad de Gonzalo de Andrada, natural de Badajoz en España, fechado en 1588, se asigna una limosna o donación para la “ermita que se hace en la Villa de Oropesa para San Sebastián”. Considerando que la villa fue fundada en 1571 por Gerónimo Osorio o 1574 por Sebastián Barba de Padilla, se puede colegir que la decisión de nombrarlo patrono fue efectivamente en los primeros años de existencia de lo que ahora es nuestra ciudad de Cochabamba, ya que como se lee en el citado testamento, para 1588 ya se le estaba erigiendo una ermita a los pies de la colina que lleva su nombre.
En dicho lugar, en el extremo sudoeste de la villa, o como llamaba Viedma los “extramuros” de la localidad, se mantuvo en pie durante varios siglos la ermita en honor al santo. Frente a esta ermita tenía lugar la fiesta para honrar al patrono durante varios días, incluyendo feria de productos, corrida de toros, carrera de caballos, fuegos artificiales y juegos populares.
El investigador Edmundo Arze, en una relación titulada “La Plaza de San Sebastián” publicada en la revista Análisis Cultural de 1997, señala que la ermita permaneció en dicho sitio hasta 1730, que es el año del levantamiento liderado por el maestro platero Alejo Calatayud. Esa revuelta de origen mestizo y artesano ocasionó muchos destrozos en la villa, incluyendo, según algunos estudiosos, el incendio de la ermita. Como indicaba la historiadora Ítala de Mamán en una entrevista concedida a Los Tiempos, publicada el 6 de agosto de 2016 bajo el título “La primera sublevación fue en Cochabamba”, Calatayud situó su campamento con 3 mil hombres en el cerro de San Sebastián, izando una bandera colorada y lanzándose sobre el poblado a las voces de ¡Muera el Rey! y ¡Muera el mal gobierno!
Sebastián nació en Narbona en el año 256 y siguió la carrera militar en Milán. Llegó a ser capitán de la primera corte de la Guardia Pretoriana y aprovechaba su condición para visitar a los cristianos encarcelados a quienes alentaba en su sacrificio. Habiendo sido denunciado por esas acciones ante el Emperador Maximiano, se le dio a escoger entre renunciar a su fe o conservar su cargo, optando él por mantenerse fiel a Cristo. Por esa decisión fue condenado a morir a flechazos en el estadio. Dándolo por muerto desecharon su cuerpo que fue recogido por sus amigos, quienes al percatarse de que aún estaba con vida lo cuidaron hasta su restablecimiento. Recuperado, se negó a dejar Roma y se presentó nuevamente ante el Emperador que, encolerizado, ordenó que lo azotaran hasta morir. Era el año 288. Es invocado contra la peste y las enfermedades, siendo también patrono de arqueros, soldados y atletas.
En la actualidad algunas familias devotas hacen rezar misas en honor de este santo en la Catedral Metropolitana, que además lleva su nombre. Por su parte, los reclusos de las cárceles públicas ubicadas en la plaza conocida hasta nuestros días como San Sebastián, ya que fue cambiada a Esteban Arze a fines del siglo pasado, celebran las vísperas y una misa el día de fiesta, obteniendo permiso especial para salir en procesión con la imagen hasta una planicie próxima al Coliseo José Casto Méndez, donde se presume pudo estar la ermita originalmente.
La generación actual podría mandar a erigir nuevamente esta ermita que es parte de la memoria histórica de nuestra ciudad.
El autor es economista e investigador histórico.
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