Árboles y campañas
Hace un año, en el marco de la conmemoración del Día del Árbol y en medio de un enorme despliegue publicitario, se daba inicio a la campaña anual de forestación y reforestación 2018-2019. Se trataba de la inauguración de una campaña que se inicia todos los años, cada 1 de octubre y se prolonga hasta el último día de marzo, con el propósito de sacar el máximo provecho de la temporada de lluvias y así disminuir la mortalidad de los plantines. La meta de esa iniciativa es plantar 10 millones de arbolitos anualmente.
Esto de la campaña anual de reforestación se remonta al 10 de marzo de 2010, cuando fue aprobado el Decreto Supremo 443 mediante el que se creó el Programa Nacional de Forestación y Reforestación (PNRF). Para financiarlo, ese mismo decreto puso a su disposición más de 180 millones de bolivianos provenientes del Fondo Nacional de Desarrollo Forestal (Fonabosque), a los que se sumarían ocho millones de dólares anuales provenientes de aportes de YPFB.
El año pasado, en Cochabamba, el acto central de lanzamiento de aquella campaña fue protagonizado por tres instituciones. La Gobernación, el Ministerio de Medio Ambiente y Agua y el Ejército de Bolivia, inauguraron la campaña 2018-2019 con el rótulo de “Misión Madre Tierra”. Lo hicieron a orillas del río Pankuruma, en la localidad de Combuyo, Sipe Sipe. Plantaron “más de cuatro mil plantines de molle, jacarandá, algarrobo, pacay, tara, álamo, acacia y otros”, según los informes oficiales.
Este año no hubo la pompa del anterior. Se celebró el Día del Árbol con actos discretos pero esperanzadores: se reforestó con 1.500 especies dos sectores del Parque Nacional Tunari y se plantaron 500 ejemplares de especies arbóreas en otra área afectada por las quemas, en la comunidad de Potrero, Quillacollo. Y en la Hacienda Huayllani, Sacaba, se homenajeó a un terebinto de 160 años y se plantaron tres arbolitos de especies emblemáticas cochabambinas: ceibo, jacarandá y molle.
En el primero de esos actos, gentes de todas las edades plantaron arbolitos. Para los más chicos fue un rito emotivo y edificante. Todo un símbolo eso de plantar arbolitos, un acto de fe y de consuelo en medio de la tristeza provocada por la devastación de millones de hectáreas en la Chiquitania y de centenares en el Parque Tunari, donde el fuego redujo a cenizas miles de quewiñas, eucaliptos, pinos…
Iniciativas plenas de significado para los cochabambinos que aprendemos a convivir con nuestro entorno natural y a valorar la vegetación. Propósito tanto más importante en este tiempo de campaña electoral y de cinismo oficial respecto del devastador desastre de la Chiquitania y en el Parque Tunari.
















