El Parque Nacional Tunari sobrevive gracias a los voluntarios
Miles de eucaliptos, pinos radiata, retamas y otras especies nativas, plantadas desde mediados de 1970 por Cordeco, las comunidades campesinas y fortalecidas a partir de 1986 por la Cooperación Técnica Suiza, (Cotesu), se han convertido en troncos calcinados por el fuego o cenizas por los frecuentes incendios que ocurren en el Parque Nacional Tunari. En cualquier momento, con preferencia al atardecer o anochecer, aparece algún punto de humo que acompañado por la fuerza del viento se transforma en pocos instantes en hileras de fuego tan grandes que nadie puede apagar como se vio últimamente en la microcuenca de Tirani que se desplazó hasta la cumbre destruyendo doscientas hectáreas de bosque. Solo este año hasta fines de septiembre, se han reportado 149 incendios y cobrado dos vidas humanas. La última víctima fue el voluntario Ernesto Nina, después de combatir contra el fuego en la Chiquitanía regresó a su tierra natal a cumplir la misma tarea en Tirani donde cayó al precipicio y falleció. Lo más doloroso para sus familiares y los voluntarios que realizan estos trabajos riesgosos y solidarios con los bosques es que no hay ninguna autoridad que se preocupe por perseguir y encarcelar a los autores de estos atentados a la vida. Es indignante constatar que nadie entró a la cárcel después de 149 incendios, algo que motiva para que sigan quemando quienes se dedican a estas actividades delincuenciales.
El Parque Nacional Tunari desde hace muchos años es tierra de nadie, donde no hay autoridad con la fuerza necesaria para hacer respetar los bosques y las fuentes hídricas que constituyen el bien común de los cochabambinos. Aunque por ley el SERNAP es la autoridad máxima de este Parque, no tiene personal suficiente ni recursos económicos para administrar este extenso y conflictivo territorio donde por la ausencia o la debilidad de la autoridad, campean allí los loteadores que es a quienes se les acusa de tener la responsabilidad principal de estos delitos al medio ambiente, quienes probablemente están ligados a políticos y dirigentes sindicales con mucho poder. Con 8 guardabosques, sumados al personal administrativo que no pasan en total de 15, en estas condiciones tan adversas es imposible que el Sernap controle y realice con un mínimo de eficiencia, el manejo de bosques y mucho menos apagar el fuego cuando hay viento sin medios tecnológicos en la mano. Eso lo saben muy bien los loteadores y aprovechan estos factores a su favor para quemar en época seca y con fuertes vientos.
Ante la falta de personal en el Sernap y el desinterés total del Gobierno Nacional para cuidar los bosques y parques nacionales, han surgido los voluntarios quienes son los principales actores en todos los eventos de quema de bosques; gracias a ellos y con el apoyo últimamente de los soldados de las fuerzas armadas se logra sofocar las llamas y salvar los bosques naturales y plantados que aún quedan en el Parque Tunari. Este parque requiere con urgencia personal especializado en el manejo de bosques para atender todas las zonas de alto riesgo. Además, hay que equipar y proveer de toda la logística necesaria para que los trabajadores se desplacen rápidamente en este territorio montañoso donde hay que enfrentar además la abrupta topografía y prevenir de futuros accidentes humanos.
Si el gobierno nacional y los gobiernos regionales a la cabeza de la gobernación y los siete gobiernos municipales que tienen directa participación en la gestión del Parque Tunari no aportan con los presupuestos suficientes para administrar adecuadamente, su futuro será más sombrío que afectará totalmente la calidad de vida de la región metropolitana.
El autor es economista
Columnas de GUIDO ESPINOZA TERÁN

















