¿De qué tipo de asilo goza Evo Morales?
Luego de que el gobierno de México ha concedido asilo al expresidente Evo Morales Ayma, surgen varias interrogantes sobre la modalidad de asilo y cuáles son las atribuciones y reglas que, en éstos casos, deben seguir tanto el gobierno boliviano como el mexicano.
En términos del Derecho Internacional, se reconoce dos clases de asilo: el asilo diplomático y el asilo territorial, que tienen propósitos similares, vale decir, ayudar a la persona que indebida e ilegalmente se encuentra acosada por su gobierno o grupo de poder, a fin de ofrecerle el amparo humanitario que necesite. Veamos:
El asilo territorial es aquel que se concede dentro de las fronteras de un Estado a un extranjero perseguido por sus creencias, opiniones o filiación política o por actos que pueden ser considerados como delitos políticos.
Y el asilo diplomático es aquella prerrogativa que tienen las misiones diplomáticas de albergar o proteger a cualquier persona perseguida por razones gubernamentales, y se lo concede dentro de un territorio ficticio, como embajadas, aviones militares o campamentos. Ambos están regulados por la Convención sobre Asilo Territorial de 28 de marzo de 1954, firmada en Caracas.
Y dentro de ese contexto, el Tratado sobre Asilo y Refugio Político de Montevideo de 1939 regula que el asilado está prohibido de ejercer actos que turben la paz política, está prohibido de intervenir en acciones políticas y mantener comunicaciones con el exterior, exigencia que el asilado debe prometer de manera escrita y firmada.
El caso del expresidente Evo Morales Ayma, que huyó del país a México en un avión de la Fuerza Aérea Mexicana, se ajustaría tanto al Tratado de 1954, cuanto al de 1939. Morales, al llegar a ese país fue recibido con honores de jefe de Estado, queriendo convertir al asilado en figura de lucha democrática, pese a que sus acciones recientes e inmediatas, dicen todo lo contrario.
El protegido del gobierno mexicano está realizando una serie de acciones, incluso sediciosas y llamando al alzamiento armado, que están perturbando la paz de los ciudadanos bolivianos. Y lo que más llama la atención es el silencio cómplice de la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien ha puesto en tela de juicio la ecuanimidad del Estado mexicano y ha roto la tradición, situación que más temprano que tarde le pasará factura por su desacertada decisión.
Sin embargo, lo cierto y evidente es que el ahora asilado territorial después de permitir que durante 13 años y nueve meses de su gobierno se vulneren derechos fundamentales no sólo de indígenas, como en el caso de Chaparina, y ocurran asesinatos y ejecuciones como en de Arani, Caranavi, Porvenir y el hotel Las Américas, entre muchos otros, hoy desde su exilio dorado y como “huésped distinguido de la ciudad de México”, ordena a sus milicias, con la complacencia de su anfitrión, cercar a sus connacionales que estoicamente resistieron con sus “pititas” la arremetida fraudulenta, inconstitucional y prorroguista del putrefacto proceso de cambio.
El autor es abogado y profesor de Derecho en la UMSS
Columnas de HENRY GONZALO RICO GARCÍA





















