Por un puñado de protagonismo
Todo indica que el Gobierno está haciendo su tarea, aunque le costará mucho apoyo. Decidirá quiénes dejarán la cuarentena en qué momento por cuánto tiempo y en qué lugar. Si el virus se debilita y la economía mejora, ganará votos.
Si eso no sucede, como es probable, los perderá. Es muy fácil para los opositores cobrar protagonismo reprobando la gestión del Gobierno o sugiriendo que la Presidenta renuncie a su candidatura o pidiendo que convoque a un gran acuerdo nacional.
La oposición tiene la obligación de fiscalizar los actos del Gobierno. El Gobierno tiene la obligación de corregir sus errores, especialmente cuando los denuncian los opositores. Ese juego es legítimo y saludable para la democracia. Veamos lo que hizo en tres casos recientes.
El último día hábil de abril, aprovechando su mayoría en la Asamblea, el MAS cambió la fecha de las elecciones del domingo 3 de mayo al domingo 2 de agosto. El Poder Ejecutivo observó esta ley. La Asamblea rechazó sus observaciones en el acto. La Presidenta del Senado Eva Copa la promulgó ese mismo instante, mientras el MAS promovía violencia en varios puntos del país.
El MAS quiso mostrar quién manda en Bolivia. Hizo correr entre sus bases la consigna de tumbar al Gobierno. Le importó un comino que el virus pueda rebrotar el día de las elecciones. Calculó que si el día de las elecciones hay virus los votantes que tumbaron a Evo se quedarán en casa. No le interesó que se contagien los que lo apoyan con tal que salgan a votar.
Con todo derecho, el MAS hizo política. Avanzó su propia agenda de democracia anti-liberal. Apuntó a erosionar el proceso electoral mientras nos hacía creer que lo reforzaba. Evo ya había declarado que el día de las elecciones no hay aglomeraciones porque se vota uno por uno. Sus asambleístas le hicieron eco. Se desnudaron por un puñado de protagonismo.
En su video del 1° de mayo, Carlos Mesa condenó al MAS por su intento de sembrar caos en el país y fijar una fecha inconsulta para las elecciones. Al mismo tiempo acusó a la presidenta Jeanine Áñez de protagonizar “una confrontación de carácter político” con el MAS. La acusó de decir “yo soy candidata y soy la única que puede derrotar al MAS.” Confesó pecados ajenos.
No la criticó por ser su rival. La reprochó por “responder a la crisis desde una posición de candidatura y no desde una posición de Estado”. Dio a entender que es una vergüenza para el país contemplar una pelea política tan baja y tan sucia como la de Jeanine y el MAS durante una epidemia tan grave. No se pronunció sobre el conflicto de poderes en torno a la fecha de las elecciones ni sobre si este conflicto amenaza al proceso electoral.
Pidió a la presidenta Áñez que convoque a un gran acuerdo nacional para enfrentar al coronavirus y frenar el desplome de la economía. Evo Morales se sumó a este pedido con la mayor unción patriótica. Habría que preguntarles si una precondición o el primer punto del acuerdo que proponen es que Jeanine retire su candidatura.
Con el derecho que le confiere su propia candidatura, Carlos Mesa apareció como un político que no desperdicia una oportunidad de atacar a sus rivales. A los votantes de sano criterio les toca evaluar si al hacerlo ganó puntos o si se rebajó por un puñado de protagonismo.
Varios gremios del sector médico retiraron su concurso a la lucha del Gobierno contra el coronavirus, acusándolo de nombrar un consejo de expertos en el cual esos gremios no figuran, de designar personal médico no calificado en los centros de atención al coronavirus y de hacer política con esta grave enfermedad.
Los médicos tienen fresca en su memoria la campaña exitosa con la que derrotaron al proyecto de Evo Morales de criminalizar errores médicos en un proyecto de nuevo código penal. Lo debilitaron un año y nueve meses antes de su caída final. Esa acción no fue médica. Fue legítima y exitosa, pero fue política.
Queda por ver si ahora los gremios médicos buscan la cabeza de la presidenta Áñez. Tienen todo el derecho de combatirla incluso a costa de menospreciar la lucha del Gobierno contra el coronavirus y de apuntalar sin quererlo al MAS. Nada de eso es medicina. Es política en busca de un puñado de protagonismo.
Los políticos tienen la obligación de debatir sus diferencias con la verdad en la mano y demostrando su lealtad hacia el proceso, sin sacarse los ojos. Mientras una mayoría de votantes prefieran y aplaudan los golpes bajos, el país seguirá hundido en champa guerras.
La emergencia del coronavirus nos está demostrando que la mayoría de nuestros políticos se inclinan por halagar a los votantes que siguen presos de la cultura política tradicional, en vez de conducirlos hacia una cultura política renovadora, basada en un voto lúcido y bien informado.
El autor practica análisis de ideas
Columnas de WALTER GUEVARA ANAYA

















