La construcción en crisis
El sector de la construcción, ya privado o relacionado con las obras públicas, se encuentra con grandes problemas desde el año 2019.
Si bien los sistemas constructivos cambiaron los parámetros de incidencia de la mano de obra, en buena medida los nuevos materiales para la construcción en seco son importados; en las edificaciones en altura la producción nacional se limita a los agregados, cemento, mampostería, el yeso, la cubierta y algo en pisos, el restante es importado alcanzando un 50%, por la falta de incentivos a la generación de producción nacional. Resultó fácil ser comerciantes.
En Bolivia, debido el boom de la construcción en obras publicas principalmente, en los últimos 15 años la oferta y la demanda de cemento se multiplicó por tres, incluso el Gobierno instaló, en Oruro, una fábrica de cemento con capacidad del 200% respecto de la de Viacha. Pero la desaceleración fue tal que el mercado permitió precios menores, hoy las plantas no producen ni al 60% de su capacidad instalada.
Por otra parte, la demanda de mano de obra también disminuyó. Como consecuencia de ellos la migración a Chile, Argentina y otros países se incrementó, hoy tenemos un 40% de esa mano de obra del año 2017 en busca de fuentes de trabajo, porque también las obras privadas bajaron al 50%.
El Estado continúa con obras viales y otras que están en proceso de conclusión, pero con grandes problemas financieros, excepto aquellas con financiamiento externo como la que se ejecuta en El Sillar y cuenta con recursos del Eximbank de China. Con las empresas nacionales el Estado tiene deuda del orden de 3.000 millones de bolivianos. Un ejemplo, a JOCA la del tren metropolitano a noviembre 2019 debería pagar 280 millones y no se efectivizó, igual al restante de obras hidráulicas y de saneamiento y otras, tal que su personal y subcontratistas han realizado paros, bloqueos y el Gobierno no pudo responder. Además, existe un alto déficit fiscal.
A este panorama, se sumó la crisis política de noviembre 2019 y se remata en marzo con la pandemia del coronavirus, dejando al sector en total crisis. Aunque el Gobierno intenta inyectar al mercado dinero del orden de 3.000 millones de bolivianos para varios sectores, al rubro no llegara ni el 10%, el restante es para el sector de micro, medianas empresas productivas ya sea manufacturero y agrícola y quizás minero.
Quedan esperanzas que en 2021, con un nuevo Gobierno, serio, con políticas claras se reordene la economía, pero no será fácil solucionar el problema empresarial y social del desempleo que no se resuelve con bonos.
El autor es ingeniero civil
Columnas de GONZALO MALDONADO ROJAS





















