¿Evo de nuevo?
Así parece. Y también que sigue pensando que Bolivia es su hacienda privada donde puede hacer lo que le dé la gana. Que la gente decente ha olvidado sus fechorías, que un año es un día, y el mundo un tango: Cambalache . No aprendió nada después de escapar al exilio dorado (“delincuente confeso” en sus propias palabras).
Igual que un porteño compadrito de antaño, amenaza, habla y vuelve a amenazar sin ton ni son. Amenaza con volver “inmediatamente” (¿no dijo que lo haría “al día siguiente” de que el MAS ganara las elecciones?). Amenaza a los periodistas con sus listas de odio. Amenaza a las Fuerzas Armadas con milicias populares. Amenaza a la justicia para que archive sus cuentas pendientes. Amenaza al Secretario General y al Jefe de la Misión de observación electoral de la OEA, con llevarlos a juicio ante la Corte Penal Internacional, por “la comisión de crímenes de lesa humanidad” ¿entenderá lo que escriben sus escribas? Un poco más y amenaza a la Pachamama. Y la mayoría guardamos silencio, acaso aterrados por sus palabras que destilan odio y deseos de venganza, muestras de su chatura intelectual y ética. No entendió que Bolivia y la comunidad internacional democrática se cansa de los violentos y los mendaces.
Manuel González, excanciller de Costa Rica y jefe de la misión de observadores electorales de la OEA, le responde, vía Twitter, con un párrafo contundente sobre el que todo boliviano, en especial los que votaron por el MAS, debe reflexionar: “¡Denuncias q engrandecen! Amenazar es típico de dictadores, patrañas q conozco. Estoy tranquilo, Ud q debe cuentas a CPI lo está? Le duele q informe d OEA hiciera + por democracia en Bolivia q 14 años d abusos + fraude + corrupción. Lo enfrento donde quiera. No soy del pueblo del q se burló”.
Luis Arce y algunos masistas libre pensadores empezaron bien cuando, después de conocer los resultados electorales, manifestaron que iban a gobernar para todos los bolivianos y que el pueblo había votado por algo diferente. Arce fue más lejos. Dejó en claro, en una entrevista internacional, que Evo Morales no iba a ser parte de su Gobierno y que corregiría todo lo malo del “proceso de cambio”. Humo falso para consumo de ingenuos. Las señales son claras. El “mazismo” vuelve con su huEvito.
El miércoles, un día antes de perder su mayoría de dos tercios en la Asamblea, el MAS modificó el requisito parlamentario de dos tercios en 11 artículos de los reglamentos de esa instancia para que éstos sean aprobados por mayoría absoluta. “La Asamblea mantiene toda legalidad”, justifica Arce que no termina de entender que, sin la revuelta de las “pititas”, no sería otra cosa que el cajero del “hermano” Evo. José Miguel Vivanco, director de la División de las Américas de Human Rights Watch , no está de acuerdo y sostiene que: “El MAS cambió las reglas del juego para hacerlas a su medida. Mal precedente”.
Las elecciones ya son historia. Perdimos los que queremos un Estado moderno e inclusivo, con instituciones fuertes, libertad de expresión, independencia y separación de poderes. Queda el desafío de seguir trabajando para dejar de ser minoría. Ganaron Luis Arce y David Choquehuanca, pero no los “mazistas”. Su capital político es superior al de Evo Morales y su comparsa. Gabriela Montaño así lo entiende y anuncia su “retiro” de la política porque Bolivia no es la misma de los tiempos del proceso de cambio: despertaron las ciudades; y los jóvenes y las mujeres, sobre todo, quieren vivir en democracia y libertad bajo el imperio de la ley.
Con su mandato legítimo, Arce y Choquehuanca tienen la oportunidad histórica de liderar un partido y un Gobierno diferentes al de Evo Morales. Para empezar, deben dejar que la justicia siga su curso. Respetar la libertad de prensa y concentrarse en enfrentar la crisis económica que amenaza, más que la oposición democrática, la estabilidad de su régimen. La mayoría de los bolivianos queremos que tengan éxito porque el destino del país, ahora, depende de ellos, no del ciudadano Evo Morales que pretende seguir siendo “Evo Morales”, como si acá no hubiera sucedido nada. Intenta, y sin saberlo, imitar en política la imposible misión literaria de Pierre Menard, autor del Quijote . Vale.
El autor es economista y filósofo
Columnas de GUSTAVO V. GARCÍA
















